A mi bisa le salían tan bien los ñoquis…

Muy rara vez me acuerdo que los 29 se comen ñoquis, porque es “tradición” (que no tengo idea de donde salió)… y por eso no suelo hacer. ¡como si ese fuera el único día del mes donde tenemos permitido comerlos!

Este 29 de junio quise seguir con la tradición que en casa de mis abuelos era más una ley que otra cosa. Me acuerdo de mi bisa Lucy haciendo los rollitos de masa, cortando los cubitos y pasándolos por un tenedor para que tengan esas rayitas típicas.

También hacía la salsa casera bien temprano, porque se levantaba a las 5 de la mañana y cuando yo (nena y luego adolescente) abría los ojos a las 10/11 ya tenía todo listo. Nunca me voy a olvidar de la mesa llena de harina, de las bandejas con los ñoquis antes de llevarlos a la olla y después cuando nos sentábamos a almorzar con toda la familia.

El martes estaba en “modo recuerdos de la infancia” cuando quise hacer ñoquis caseros, de batata, porque tenía dos batatas que pedían por favor ser usadas antes de pasar a mejor vida (el compost).

Así que desde temprano pelé la verdura y la herví para hacer el puré. Dejé que se enfriara y le fui agregando los demás ingredientes: huevo, sal, nuez moscada, aceite… y harina. Quise usar integral para que sean “más sanos”.

Una taza, dos tazas… y la masa no quería integrarse. Me había quedado muy “chirla” (no sé cuál es el término gastronómico específico). Me quedé sin harina integral y tuve que ponerle harina blanca… me entró la desesperación, parecía que todo lo seco que le ponía la masa lo absorbía en un minuto. ¡Estuve a punto de tirar todo y hacerme otra cosa!

Pedí ayuda y me dijeron que el “problema” había sido que herví las batatas y eso hace que suelten mucho líquido. ¡Cómo no me dí cuenta antes! Pero bueno, como dice Queen “El show debe continuar” y como pude armé unos ñoquis “decentes”, en forma de bolitas, algo contundentes (por no decir pesados). La salsa fue de puerros a la crema, medio inventada en el momento.

Y obvio que cumplí con la tradición del billete bajo el plato, como hacía mi bisa (ella ponía una moneda). Los comí con mucho gusto, recordando esos momentos de la infancia que a veces vuelven a mi mente y que por supuesto están guardados en mi corazón.

Ya me van a salir mejor los ñoquis, tengo muchos 29 para seguir practicando!

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