Ser vegetariano en…Casablanca: cuscus, tajine y café de película

Si bien Casablanca es la ciudad más ‘europea’ de Marruecos, también podemos disfrutar de la típica comida árabe, sobre todo si nos alojamos en la medina o barrio antiguo (como fue nuestro caso).

El hotel estaba muy cerca de la estación de tren (gare train en francés, recuerden que en Marruecos hablan este idioma además del árabe) que conectaba directo con el aeropuerto Mohamed V, en la parte más moderna de la ciudad. Eso quiere decir que a poca distancia podíamos pasar de un ambiente más auténtico a otro más europeo. ¡El cambio era muy divertido!

En las cercanías de la estación (y también dentro) podemos encontrar muchas cafeterías y restaurantes con comida local e internacional, con clara influencia francesa. Por lo tanto, para las tardes, un crepe o un croisant y para los almuerzos optábamos por algún panini u omelette.

Para las noches decidíamos comer en los alrededores del hotel, había un puñado de restaurantes de comida tradicional. ¡Ideal para cuscús y tagine! Me encantan estos dos platos que se sirven en cuencos terminados en triángulos y que combinan muchos vegetales. Tengan cuidado de no confundir un picante con una berenjena como me pasó a mí… ¡Tras cuatro vasos de agua aún no sentía la lengua! Tuve la boca dormida varias horas.

Además, aprovechamos para hacer algunas compras básicas en la ‘medina’ o barrio antiguo. Hay tiendas o almacenes pequeños donde puedes encontrar de todo, desde comida hasta productos de higiene.

Fuente: Flickr (no tenía teléfono ni cámara cuando salía por las noches en la medina)

Los desayunos son más ‘normales’ en relación a lo que comemos en Argentina (que se copió de Francia, vamos a ser justos): café con leche, croissants, mermelada, manteca y jugo de naranja.

En Casablanca no hay mucho para recorrer más allá de la Mezquita Hassan II, la segunda más grande del mundo, pasear por la Corniche o costanera y caminar por el barrio antiguo comprando (y regateando) algunas cosas. Por eso una de las tardes libres, en la cual llovía por momentos, decidimos bordear la medina y llegar a la conocida cafetería Rick’s Cafe, que emula a la perfección el escenario de la película Casablanca (y que no se filmó en ese lugar). Se puede almorzar o cenar, pero para la hora que era preferimos tomar un café con leche mientras veíamos la película original en blanco y negro.

Al terminar nuestra merienda de película desandamos los pasos e ingresamos a un restaurante llamado ‘La Scala’, bastante famoso también, donde se come en un patio árabe muy bonito, entre plantas y flores. Ese fue el broche de oro para unos días en una ciudad que combina bastante bien el pasado con el presente, lo árabe con lo europeo y lo tradicional con lo extranjero.

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