Cómo ser vegetariana en… Campana – entre charlas de mujeres viajeras, brunch y almuerzo en casona antigua

Viernes bien temprano suena el despertador, pero no me cuesta levantarme al primer sonido. No soy una persona que ame despertarse “al alba”, claro que la excepción está cuando me voy de paseo o de viaje.

En esta oportunidad el destino era Campana, una ciudad del norte de la Provincia de Buenos Aires. El plan: visitarla de la mano de una local, Ana, una mujer viajera que conocí en un curso hace unos años y que ya habíamos coincidido en otro paseo por su Cardales natal.

Me reúno con ella (pueden seguir su cuenta, Periplo Nómade) a las 9 en punto en frente de la cafetería Boulevard T, a pocas cuadras del centro de la ciudad. Esta casona en esquina tiene dos patios, uno exterior y otro interno, mesas antiguas, decoración con muchas plantas y objetos de antes… bien como a mí me gusta.

Mientras nos van sirviendo el brunch (porque decirle “desayuno” me queda corto), hablamos mucho de viajes, de proyectos futuros, de ideas para seguir viajando, recordando paseos anteriores y lugares que recomendamos a la otra para que conozca.

No podemos creer cuántas delicias nos están dejando sobre la mesa: dos café con leche de cajú (servidos en tazones como a mí me gusta), tostadas con palta y huevo revuelto, scon de queso, sandwich tostado de queso, kale y tomate y la joya del desayuno, que tomó protagonismo en el centro: una torta vegana de chocolate bien decorada en violeta y que tenía una pinta increíble.

Completísimo, colorido y veggie el desayuno/brunch en Boulevard T de Campana.

Seguimos conversando mientras disfrutábamos del copioso desayuno cuando de repente miramos el reloj y nos damos cuenta de que habían pasado más de dos horas… ¡y teníamos que empezar el recorrido por Campana!

Así que, apuramos nuestros cafés y salimos a visitar el centro de la ciudad, con su típica plaza, donde encontré al edificio que más me gustó, el de la Municipalidad. Simétrico con dos pisos y una torre de reloj en el centro, me enamoró a primera vista, como me pasa con varias edificaciones de este tipo en cada viaje.

El edificio que más me gustó de Campana: la Municipalidad frente a la plaza principal.

Tras dar la vuelta a la plaza -que se llama Eduardo Costa- (hay otros edificios destacados como el Instituto 15 y la modernosa Catedral), caminamos por la Avenida Rocca, con su boulevard en el medio y todos los negocios de ropa, bancos y demás.

Solo 6 cuadras más adelante nos topamos con una pequeña plaza, donde justo había una feria de productores locales, y otro hermoso edificio que me dejó sin aliento. Se trataba de la estación de trenes, aún en funcionamiento aunque con un servicio algo limitado. El edificio es como muchas estaciones de la Provincia de Buenos Aires, señorial, de estilo inglés, con un reloj en lo más alto…

El otro edificio que se robó mi corazón: la estación de trenes (aún en funcionamiento).

Seguimos camino por la Avenida Alem a la izquierda de la estación (paralelas a las vías) unas cinco cuadras hasta Beruti, disfrutando de la tranquilidad de una ciudad con alma de pueblo. A solo 200 metros de allí se encontraba el Restaurante donde íbamos a almorzar: Emblema.

Una esquina que llama la atención quizás por su construcción en color ladrillo con detalles en celeste, su estructura exterior de madera… o “simplemente” por su impronta de regia casona antigua, de esas que en épocas pasadas pertenecía a alguna familia adinerada de la zona.

Entramos a Emblema y nos encantaron muchos detalles: las paredes de ladrillo a la vista, los techos altos, los grandes ventanales, los pisos de madera… dejo volar mi imaginación para pensar cómo era este lugar en sus inicios, pero no por mucho tiempo, nos sentamos en una de las mesas cercanas a la puerta principal y empezamos a mirar el menú.

Algo para destacar de Emblema es que los nombres de los platos están relacionados a la historia de Campana. Quizás para alguien que “viene de afuera” no le significan demasiado, pero para quien nació y se crió en la ciudad es un verdadero mimo al corazón. Nos explican algunos de estos nombres elegidos y claro, todo tiene sentido.

En Emblema se puede pedir un menú ejecutivo de entrada y plato principal o plato principal y postre. La carta para los mediodías es muy completa y… ¡tiene muchas opciones vegetarianas! También en el interior de la carta podemos encontrar empanadas de soja, calzón de zucchini y bien señalizadas las pastas aptas para veggies.

Con Ana no sabemos qué elegir, todo parece tan rico! Dejamos que el chef de Emblema nos recomiende qué almorzar y nos sorprenda. Para la entrada, nos trae un plato más que colorido: champiñones rellenos acompañados de gírgolas y cebollas, con brotes y verdes. Muy buena presentación y de sabor… exquisito.

La entrada en Emblema, gírgolas y champiñones rellenos muy bien presentados.

Poco después llegan los platos principales, las dos opciones de pastas vegetarianas del menú: para mí unos ñoquis Albizola (de calabaza y salvia con crema de espinaca, queso Philadelphia y gratinado al parmesano); para Ana unos ravioles Tavella (rellenos de ricotta, queso crema y frutos secos, acompañados con crema de espinaca y nueces).

Primer plano para mi plato de ñoquis… ¡Estaban buenísimos!

Como nota de color, Tavella y Albizola son los nombres de dos clubes deportivos de Campana. ¡Me encantó haberlo descubierto después, como buena periodista deportivo que soy!

Disfrutamos hasta el final del plato y cuando ya pensábamos que no podíamos seguir probando más nada, escuchamos la pregunta: ¿Y de postre qué eligen? ¡Algo refrescante y liviano! Es lo primero que me viene a la mente. La ensalada de frutas es la mejor alternativa, sin dudas.

Cuando veo llegar la colorida copa me alegro de haberla elegido. Hecha con muchas frutas locales, -por ejemplo las naranjas son de San Pedro es el postre perfecto para el verano o para cerrar una comilona como la que habíamos disfrutado en Emblema. Tan hermosa presentada que me daba lástima desarmarla… igual me animé a dar la primera cucharada y saborear las frutas como se merecían.

El color de la ensalada de frutas coronó un almuerzo copioso en Emblema.

Antes de irme me quedo charlando con el chef, quien me cuenta que la materia prima que usan para la mayoría de los platos es local y que cada vez eligen más ingredientes agroecológicos; y no solo eso, sino que visitan las producciones para verificar la calidad de los productos. Sin dudas en Emblema se esfuerzan mucho por la elaboración y la presentación de los platos, y por ofrecer lo mejor a los clientes.

Nos sentimos muy bien disfrutando del almuerzo de viernes y seguramente volveremos a probar algunas cosas más que quedaron pendientes.

Para ese entonces Ana tenía que irse a buscar a “mini fan Eka” (su hermosa hija) y yo me quedo paseando un poco más, en mi grata compañía. Decido pasar por la plaza para admirar de nuevo el edificio de la Municipalidad. Camino por el Boulevard Dellepiane (desde la Plaza Costa salen 8 diagonales) con una ciudad semidesierta por ser la hora de la siesta.

Llego al Museo del Automóvil, fácil de reconocer por ser un edificio violeta y grandes ventanales. La entrada es gratuita y está abierto de 10 a 16 hs de lunes a viernes y de 11 a 17 hs los fines de semana. Allí se exponen autos antiguos que fueron donados por lugareños, siendo la joya del lugar el prototipo que luego pasó a ser el primer automóvil argentino.

El Museo del Automóvil es uno de los orgullos de Campana.

Creado por Manuel Iglesias, un campanense que se animó a andar en un vehículo “motorizado” hace más de un siglo, este prototipo sirvió después para crear autos menos ruidosos y más veloces. En exposición hay alrededor de 25 autos de diferentes épocas, todos en excelente estado de conservación.

Me faltó tiempo para ir a visitar el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, que está en la localidad de Otamendi, sin embargo ya tengo planes para conocerlo junto a Ana y Eka, ¡y seguir con nuestras charlas de mujeres (y mujercita) viajeras en contacto con la naturaleza!

Campana queda a 80 km de la Ciudad de Buenos Aires y para llegar se debe tomar la Ruta 9 (1 hora aproximadamente de trayecto en auto). También se puede llegar en tren: línea Mitre desde Retiro hasta Villa Ballester y combinar con la línea que va hasta Zárate (son aproximadamente 3 horas de viaje con el trasbordo incluido).

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