El Almacén CT & Cía – Azcuénaga

Luego de un recorrido por la Ciudad de San Andrés de Giles y una breve caminata por la plaza del pueblo de Azcuénaga, nos dirigimos al Restaurante El Almacén CT & Cía, frente a los terrenos de la vieja estación de trenes.

Justamente esa estación que hace más de un siglo dio la bienvenida a la Familia Terrén. Tan importante fue ese recibimiento que hoy la Avenida principal de este puñado de calles que es Azcuénaga lleva el nombre de Pedro Terrén, uno de los españoles llegados a Argentina para «hacer la América».

Pero no me quiero ir por las ramas (o por las vías), mejor comienzo con el relato de mi experiencia en el Almacén, como todos lo conocen. Sí, porque al principio el edificio fue un almacén de ramos generales perteneciente a la Familia Terrén, hasta que en los años 60 tuvo que cerrar sus puertas.

Por supuesto tuvo su época de gran esplendor, como se puede ver en los libros contables de la entrada. Este pequeño museo nos relata no solo sobre las compras y las ventas de todo tipo de productos, sino también sobre hechos importantes del pueblo y de la familia, tan interconectados entre sí.

Libros de contabilidad, testigos de la historia familiar…

Apenas llegamos (fui con mi amiga Claudia) nos recibe Lucas, uno de los fundadores del ahora restaurante. Lucas es nieto de Rafael, un Coarasa -el otro apellido que forma las siglas CT- que llegó para ver el almacén en su máximo apogeo. 

Lucas, que es el RRPP, mozo, fotógrafo y sobre todo contador de historias familiares, nos dice que si bien él no llegó a ver el Almacén en funcionamiento, recuerda las anécdotas que le contaban de chico. Noveno de diez hermanos (nunca usó un guardapolvo nuevo, según su presentación), decidió junto con el resto de la familia cumplir el sueño de su padre Enrique, fallecido en 1996.

Él quería que todos los hijos se mantuviesen juntos en su querido Azcuénaga y que puedan transmitir a los demás su pasión por la comida. Y así fue como ellos mismos recuperaron, limpiaron y pusieron de nuevo en funciones lo que hoy se conoce como «El Almacen» aunque sea un restaurante de campo.

Lo primero que hacemos es recorrer un poco el establecimiento, con sus paredes repletas de fotos de hace varias décadas, algunos documentos originales (entre ellos actas de matrimonio, certificados de buena conducta y libretas de enrolamiento) y es como viajar en el tiempo.

Rincones del Almacén, con sus paredes llenas de recuerdos.

También nos llaman la atención los platos y las botellas de vino “con dedicatorias” y le preguntamos a Lucas de dónde surgió esta tradición. El nos cuenta que tenían muchos platos «cascados» que ya no se podían usar para servir la comida, y que a un cliente-amigo se le ocurrió autografiarlo. Ahora es tradición para los habitués de la casa dejar su firma y sus mensajes en los platos, que luego se cuelgan en la pared. Lo mismo hacen con las etiquetas de las botellas. ¡Una deco más que original!

Entre historia e historia llega la picada vegetariana: variedad de quesos, berenjenas al escabeche, habas, aceitunas y unas croquetas riquísimas!

La picada vegetariana que nos sirvieron en El Almacén de Azcuénaga

Poco a poco el lugar se empieza a poblar de comensales (es mejor reservar con anticipación). Algunos, como nosotros, son nuevos, entonces caminan por el restaurante a paso lento y se maravillan con los recuerdos en blanco y negro de las paredes. Otros se sientan, saludan y piden «lo de siempre». Todo en un ambiente más que relajado, familiar, agradable, tranquilo… bien de campo.

Así llega el plato principal. Por un lado nos sirven unas brochettes de verdura muy coloridas: con tomates cherry, zanahorias, cebollas, berenjenas, zucchinis, morrones… todo sobre un colchón de papas fritas y una perfecta decoración.

Por el otro, aparecen unas pastas: sorrentinos rellenos de calabaza y queso con salsa mixta. De esos que con el primer mordisco te das cuenta de que son bien caseros y recién hechos… una total delicia que aunque abundante, nos terminamos con todo gusto.

Plato principal, casero con todas las letras

Seguimos disfrutando de la tarde en este hermoso restaurante, mirando por su gran ventanal, testigo al igual que los pisos y las paredes de tantas historias… vemos también cómo Lucas va a de acá para allá hablando con todos los clientes, contando sus anécdotas, logrando que la experiencia en el Almacén no sea solo gastronómica, sino que cada uno que llega se convierta en parte de la gran familia Coarasa Terrén.

Y así llegó el momento de los postres. Yo me pedí un brownie con helado y Clau una tarta de manzana con helado. Estábamos tan a gusto que no nos queríamos levantar de la silla y despedirnos del almacén. Pero ya era momento de emprender el regreso para evitar el tráfico del atardecer.

Y no podía faltar el postre!

Antes charlamos un rato más con Lucas, quien nos contó que actualmente están sirviendo un menú fijo (entrada, pastas o parrilla y postre) y que en breve esperan volver a su menú habitual, con más opciones a la carta. Después de estar cerrados casi todo el 2020 por la pandemia se están reacomodando y ofreciendo esta opción para que se puedan disfrutar los principales platos del almacén. Seguramente volveremos en alguna otra ocasión!

El Almacén CT&CIA se encuentra en la Av. Terrén y Vildasola (Azcuénaga); abre sábados y domingos mediodía y sábados a la noche. El menú fijo (febrero 2020) tiene un costo de $1500 para mayores y $800 para menores. Incluye entrada, plato principal (pastas o parrilla) y postre.

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2 comentarios

  1. Quisiera si podés mandarme la carta con los productos y precios,y también que productos para celíacos tienen,desde ya gracias y saludos.jorge

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