Ser vegetariano en…Estambul: té de manzana, especias y delicias turcas

¡Hola a todos! Bienvenidos a la primera crónica de viajes vegetarianos. Les contaré mis ‘odiseas’ para conseguir comida sin carne en los diferentes lugares que visito. Para comenzar, una de las ciudades que más me ha gustado de las que conocí, no solo por su historia y arquitectura, sino también por su gastronomía.

La comida turca al igual que muchas mediterráneas, ofrece bastantes opciones vegetarianas. Los platos son similares a los que se pueden conseguir en Grecia, Marruecos o Egipto. ¡Un deleite para nuestros paladares!

Durante los días que se queden en la ciudad más importante del país (no confundir, que Estambul no es la capital, sino Ankara), se cansarán de tanto té de manzana. ¡Yo me convertí en una fanática! E incluso compré varios paquetes para llevar a casa. Se lo van a ofrecer en una tienda -los turcos son muy serviciales aún si no les compras nada, es toda una experiencia entrar a un local y que te muestren sus productos mientras bebes un té- en el hotel, como ‘regalo’ tras el almuerzo o la cena, en un barco paseando por el Bósforo…

Fuente: Flickr (en plena calle y con hambre, no me dio tiempo de tomar una foto al desayuno)

Nosotros lo disfrutamos en todos esos lugares y también en el famoso Gran Bazar. No fue muy barato, pero no importa… ¡Estábamos sentados en una cafetería en pleno mercado! Y además fuimos temprano por la mañana, para ver cómo armaban todos los puestos. Imperdible (tengan en cuenta que abre de lunes a sábado, nosotros fuimos un domingo y tuvimos que regresar otro día) y un viaje en el tiempo.

Otra de las comidas que quizás los fanatice es la sopa de lentejas. A mí me encantó y siempre la ordenaba en los restaurantes (como entrante). ¡Es muy extraño estar tomando sopa fuera de casa!

Tengan en cuenta que si bien en la zona turística -cercanías de la Mezquita Azul o Santa Sofía- los establecimientos están abiertos hasta más tarde, los turcos cenan bastante temprano: a eso de las 18 hs. Le pregunté a mi amiga Rukiye, a quién conocí en Buenos Aires y visité durante mi estancia, cómo hacían para ‘soportar’ sin comer hasta el otro día y ella me dijo: ¡Comemos delicias turcas con un rico café! Otros de los ‘imprescindibles’ en un viaje por Estambul.

Las delicias turcas (turkish delight en inglés, no sé cómo se dice en idioma local) son una especie de caramelo blando de forma cuadrada espolvoreados con azúcar, que pueden estar rellenas de algún fruto seco como las castañas (nota: coman castañas asadas en los puestos callejeros del barrio antiguo, también pueden conseguir mazorcas, panes con sésamo y otros tentempiés).

El café turco, para mi gusto, es bastante fuerte, pero se bebe mucho: van a ver a los locales sentados en las cafeterías o puertas de los negocios tomando en una pequeña taza. ¡Los pueden comprar en unos puestos muy pintorescos con cacharros de bronce colgados! Incluso me compré uno de recuerdo, que aún tengo en casa, esperando a que me anime a usarlo.

No puedo dejar de lado a las especias, algo que durante siglos ha hecho a Turquía muy famoso. El Bazar de las Especias es, por supuesto ‘el’ lugar donde comprar. Verán los puestos atiborrados de productos, mucho color y sobre todo muchos aromas. Todo se vende al peso y los precios están bien aclarados (no es como en el Gran Bazar que se puede regatear). Nosotros compramos azafrán persa y sumac, pero hay mucho más.

En lo referido a la comida en restaurantes, lo mejor que tiene Estambul es sus platillos frescos y las varias opciones vegetarianas. Además de la sopa de lentejas comí falafel, hummus y todas las comidas árabes que se conocen a nivel mundial. ¡No se asusten cuando los vendedores los sigan mostrándoles el menú por plena calle! Es una manera de atraer clientes, y muchas veces son tan insistentes que terminas entrando en su restaurante.

Párrafo aparte merecen las patatas rellenas. Se venden en negocios ‘al paso’ ya que muchos turcos suelen comer sentados en la plaza. La receta sería más o menos así: una patata cocida, la ahuecan, hacen puré con lo que han quitado y luego ponen un poco en ese ‘cuenco’ natural. Después le puedes poner los ingredientes que más te gusten. En mi caso pedí champiñones, aceitunas y una infaltable salsa de yogur.

Para terminar, no les quiero hacer un ‘spoiler’ sobre los helados que se venden en la calle. Solo les digo que es recomendable comprar uno a pocos pasos de la Cisterna Basílica -Barrio antiguo- para disfrutar de algo más que un postre.

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