Estancia El Rosario – La Cumbre (Córdoba)

Día de semana de inicios de diciembre, yo paseando por el hermoso Valle de Punilla, en Córdoba. Ese miércoles me dispuse a re-conocer La Cumbre, yendo a lugares que hacía mucho tiempo deseaba visitar.

Tras atravesar el Camino de los Artesanos (camino de tierra muy turístico que une las localidades de Villa Giardino y La Cumbre), con sus locales cerrados entre semana, tomé el camino rural conocido como E66 para dirigirme a la Estancia El Rosario. El camino está muy bien señalizado, aunque la señal de internet brilla por su ausencia. En poco más de 5 minutos me topé con este hermoso lugar, uno de los imperdibles de La Cumbre.

Allí me recibió Alan Horwitz, uno de los accionistas de la Estancia, quien me cuenta en una visita guiada personalizada varios detalles del establecimiento, sobre todo de su historia, que es lo que más me llama la atención.

El ingreso a la fábrica y museo de Estancia El Rosario

Antes de hablar de los alfajores, me narra un poco sobre el pasado de El Rosario, una estancia que lleva ese nombre porque allí era donde los primeros pobladores (hombres de campo) se reunían para rezar, justamente, el rosario.

Por esa época llegan a la zona los ingleses, encargados de construir el ferrocarril en Córdoba (como en todo el país). Junto a ellos, vinieron sus familias desde el Viejo Continente. De todas las mujeres que arribaron, podemos destacar la figura de Felicity Johnston, la esposa del ingeniero de las obras. Felicity, suponemos que un poco aburrida de vivir en estas latitudes, decide comenzar a elaborar dulces y mermeladas caseras usando las frutas de la zona y las enormes pailas de cobre típicas para dichos menesteres (podemos ver algunas de ellas en el museo).

Algunos de los objetos que se usaban antiguamente para elaborar dulces, alfajores y mermeladas están exhibidos en el museo.

Posteriormente su yerno, Mauricio, comienza con el negocio de los dulces finos, por los cuáles la Estancia El Rosario se hace muy famosa. Pero la historia no termina allí, ya que un segundo dueño del lugar instala hornos para hacer alfajores y galletitas. Eso sucedió en 1924 y es por eso que El Rosario es una de las fábricas más antiguas del país… ¡que aún sigue en pie!

Por supuesto que muchas cosas cambiaron desde ese entonces. Por ejemplo, el tipo de ollas que se usaban se cambiaron por las de acero inoxidable, y los trabajos manuales fueron reemplazados por maquinarias, principalmente en los años 80 donde hubo una gran inversión para modernizar las instalaciones.

La tarea de producir alfajores y galletitas es bastante intensa. Todo comienza a las 3 de la mañana cuando se van encendiendo los hornos y armando las masas. Tres horas más tarde el horno está a la temperatura justa y listo para empezar a cocinar. Con un sistema de alambres se cortan las tapitas de los alfajores o galletitas, que luego pasarán al horneado. Esta técnica permite que la masa salga “aireada” y con vetas para absorber mejor el glaseado o el bañado.

Cada día, la empresa produce 300 kg de masa, que se traducen en 120.000 tapitas o 60.000 alfajores. El dulce de leche lo traen desde la “cuenca lechera” de la Ruta 19 de Córdoba, donde los productores usan las fórmulas especialmente elaboradas la Estancia. Luego de ser rellenados y bañados o glaseados, los alfajores se dejan reposar 1 hora para que se sequen bien antes de envolverlos.

Todo el proceso lleva alrededor de 8 horas. Si bien los alfajores se venden principalmente en La Cumbre y alrededores, también se pueden conseguir en otras provincias de Argentina. Según me dice Alan, el objetivo es mantener las tradiciones pero buscar siempre la manera de “aggiornar” el producto, sin dejar de lado el sabor típico por el cual son tan famosos.

Una vez que aprendo sobre la historia de la estancia y la producción de los alfajores, paso a la tienda donde están exhibidos todos los productos, así como también varios objetos antiguos, entre ellos cajas de galletitas y de alfajores, para seguir viajando en el tiempo.

Algunas de las opciones de alfajores combinados para llevar de souvenir.

La estrella de Estancia El Rosario sin dudas es el alfajor de fruta. Hay tres rellenos clásicos: higo, ciruela y membrillo. Pero por supuesto no podemos dejar de probar los de dulce de leche y los bañados en chocolate. Lo mejor de todo fue enterarme que todos son aptos vegetarianos porque no usan grasa vacuna y que los de fruta además son aptos para veganos (ninguno lleva huevos ni manteca).

También hay otros productos que podemos conseguir en El Rosario: mermeladas (la de higo es una de las que más se llevan), jaleas, almíbares, dulce de leche, galletitas, conitos… y muchas combinaciones de alfajores en cajas de 6 y 12 unidades.

Muy buena presentación de los productos en la tienda de El Rosario.

Antes de despedirme de El Rosario hago un pequeño recorrido por el predio, bastante tranquilo por ser miércoles a la tarde con un pronóstico que augura tormenta. De jueves a domingo se puede disfrutar del restaurante con platos típicos de la zona, así como también de los juegos de aventura que incluyen tirolesa, puente colgante y rocódromo. A su vez, en el establecimiento hay un salón para eventos.

Se puede ir a pasar un buen rato en Estancia El Rosario y no solo para comprar los típicos alfajores de fruta que llevaremos de souvenir a nuestros hogares. Allí también podemos aprender de historia y de cómo se fabrica uno de los productos que más nos representa en el exterior, estar al aire libre en un predio hermosamente cuidado y aprovechar que no hay señal de celular para desconectarnos un poco del mundo y encontrarnos con nosotros mismos.

Estancia El Rosario está en la ruta E66 a unos 15 minutos en auto desde el centro de La Cumbre. Abre de lunes a viernes de 10 a 18 y sábados y domingos de 10 a 19 hs. En temporada de verano todos los días de 10 a 20 hs.

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