La Casona Hotel Museo – Chascomús

Más allá de algunas anécdotas familiares o lo que estudié en la facultad, no tengo recuerdos de los años en que Alfonsín fue presidente. Nací en el ´86, justo en la mitad de su mandato… por eso, cuando buscando lugares para visitar en Chascomús encontré que una de las casas del ex mandatario ahora es un hotel no dudé en contactarme para visitarla.

Tras un paseo de sábado por esta ciudad a 120 km de Buenos Aires, que incluyó un almuerzo a la italiana y un recorrido en auto por los 32 kilómetros de circunferencia a la famosa laguna local, llegamos con mi amiga Claudia a La Casona de Chascomús, donde vivió Raúl Alfonsín, entre 1957 y 1972 (la segunda de cuatro viviendas de la ciudad, durante sus primeros años de matrimonio y la crianza de sus seis hijos).

Un poco de historia de La Casona de Chascomús

La casa está ubicada en Lavalle 227, a media cuadra de la plaza principal – las manzanas que componen el casco histórico-, en una zona muy tranquila de calles adoquinadas y construcciones coloniales. Es además el área más elevada de Chascomús, por lo cual más valiosa porque no tenía riesgo de inundación cuando desbordaba la laguna, localizada a escasos 300 metros.

Fue construida, según me dijo Matías, el actual dueño, a inicios del siglo pasado y uno de los primeros usos fue, justamente, un hospedaje. Corría el año 1920 cuando los hermanos Cervera, que habían llegado de Catalunia, decidieron instalar allí una pensión (conocida, claro está, como ´la pensión de los Cervera´).

No se tienen muchos datos de esas épocas, ni tampoco cómo era la edificación original… la siguiente información que obtuvo Matías tras investigar en Chascomús y en La Plata es que en 1957 la casa fue comprada por un abogado y ex concejal de la ciudad llamado Raúl Alfonsín, para vivir con su esposa María Lorenza Barreneche -se casaron en 1949- y sus seis pequeños hijos: Raúl Felipe, Ana María, Ricardo Luis, Marcela, María Inés y Javier Ignacio.

La casa tenía cuatro dormitorios, dos baños, un living, un comedor, un despacho, una sala de espera, tres patios, una amplia cocina, galerías internas y un recibidor.

Uno de los hechos más destacados de la época en que vivieron los Alfonsín en esta casa sucedió en 1962. El padre de familia era abogado y periodista, y tenía su despacho en la parte delantera (no era necesario ingresar al hogar para acceder a su oficina). Era un día cualquiera cuando tocan el timbre y Jorge Nimo, el colaborador de Raúl, abre la puerta… No podía creer lo que veían sus ojos: esperando para entrar estaban nada menos que Arturo Illia (quien al siguiente año sería presidente de Argentina) y Ricardo Balbín (presidente de la Unión Cívica Radical), que habían ido hasta Chascomús para conversar con el dueño de casa.

En la casona, la familia Alfonsín vivió hasta el año 1972… cuando los hijos comenzaron a casarse e irse del hogar, la vivienda quedó demasiado grande para un matrimonio solo. Y además, según se dice, Raúl decidió venderla para poder financiar su carrera política (había sido diputado por la Provincia de Buenos Aires en dos oportunidades mientras vivía en la casa de Lavalle 227).

“Les pido que me esperen acá, dentro de un rato vendré con la noticia de que cada uno de nosotros, podremos volver a nuestro hogares, para darle un beso a nuestro hijos, y en ese beso decirles, que le estamos asegurando la libertad para los tiempos” -Raúl Alfonsín-

Posteriormente fue comprada por otra familia, quien le hizo algunas reformas y desde hace poco funciona lo que se conoce como el “Hotel Museo La Casona de Chascomús”, atendido por sus dueños, Matías y Lucrecia.

Recorriendo el pasado, presente y futuro de La Casona

Apenas ingresamos a esta vivienda de paredes exteriores color salmón, con puertas y ventanas altas y un típico zaguán con azulejos en las paredes nos trasladamos a otra época, unas décadas atrás. Allí una puerta llevaba a lo que era el despacho de Alfonsín, que conserva las bibliotecas originales y hay un proyecto de convertirlo en un espacio de homenaje para ser visitado por locales y turistas.

El living, con sus bibliotecas del piso al techo, hogar a leña y cómodos sillones me hacen pensar en que sin dudas la familia Alfonsín era amante de la lectura (el ex presidente tenía una colección de cientos de libros según supe luego). Desde allí, unas hermosas puertas nos dan acceso a uno de los dos patios, el del aljibe, también con sillones muy cómodos, donde, imagino yo, se reunirían para disfrutar de la tranquilidad de las noches de verano.

Continuamos el recorrido y llegamos al comedor, hoy modernizado con un gran mural pintado a mano repleto de palabras y frases alusivas al desayuno y la merienda, pero con algunos toques antiguos (como un teléfono de pared o una vieja radio).

Mucha luz entraba por las ventanas, al estar rodeado por ambos patios (el segundo era más grande, con una parrilla y mesas bajo un bonito gazebo). Seguimos hacia la cocina, con un gran ventanal, un mapa pintado en la pared y una excelente combinación entre el mármol, la madera y el ladrillo… como si fuese una foto en una revista de decoración.

Salimos al segundo patio para ingresar a nuestra habitación, lo que antiguamente era el lavadero de la casa. Hoy es una mini cabaña con una cama matrimonial y una de una plaza, baño completo y una cocina equipada con heladera, pava eléctrica y una mesita con dos sillas. Y por supuesto, desde la ventana, hermosas vistas al patio, donde en uno de los laterales un bonito cantero con lavandas (entre otras plantas) le daba un toque natural encantador.

 

La tranquilidad de esta casona-hotel de solo cinco habitaciones (tres en la parte delantera de la casa, antiguos cuartos del matrimonio y los hijos y una más grande detrás de la cocina) nos invita a sentarnos en uno de sus tantos sillones para disfrutar de un buen libro… y si nos olvidamos el nuestro, hay opciones disponibles allí mismo, dedicados obviamente a Alfonsín y a Chascomús.

En La Casona de Chascomús se filmó parte de la serie-documental “La democracia desde adentro” donde se relata la vida personal de Alfonsín, su carrera política y por supuesto su rol en el regreso de la democracia a Argentina en 1983. Un póster alusivo está colgado en el living, el cual nos permite ver el tráiler tomando una foto al código QR.

Nos preparamos una merienda (mate para mi amiga, café para mi) y aprovechamos a descansar en el comedor, recibiendo el sol desde varios frentes. Sin darnos cuenta, comienza a atardecer y decidimos salir a recorrer un poco más de la ciudad… A nuestro regreso, la casa en sombras y en silencio nos vuelve a sorprender. Imposible no pensar en esa época en que allí vivían nada menos que seis niños y seguramente las risas y los juegos estaban presentes en todo momento.

El domingo nos despertamos con el sonido de los pájaros y fuimos a desayunar al comedor del hotel, en una gran mesa compartida con los demás huéspedes (era temprano y solo había una persona en el otro extremo). Café con leche, medialunas, tostadas, jugo de naranja, manteca, mermelada y queso crema era el menú, que comimos mientras organizábamos la jornada.

Sin querer irnos de la casona, sabiendo que estuvimos en los mismos ambientes donde no solo uno, sino tres grandes personalidades de la historia política del país habían pasado y con las ganas de aprender mucho más sobre esa época donde yo ni había nacido, nos dirigimos hacia la plaza de Chascomús ya que a las 11 de la mañana comenzaba una visita guiada organizada por la Secretaría de Turismo.

El Hotel-museo La Casona de Chascomús está ubicado en la calle Lavalle 227 y funciona todo el año. Incluye desayuno completo y ofrece cocina compartida, WiFi de alta velocidad, parrilla, espacio de work & coffee e información turística.

Si quieren leer la reseña completa del fin de semana en Chascomús, hagan click en el enlace.

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