La Protegida – Navarro

Primeros días de otoño en Buenos Aires, aunque con temperaturas de verano… viajamos hasta Navarro (y sus 252 años de vida) con mi amiga Claudia y pasamos un día hermoso. Por la mañana visitamos la réplica del Fortín San Lorenzo y el museo ferroviario.

Tanto habíamos aprendido que la mañana se pasó más que rápido… el estómago empezaba a reclamar un poco de atención así que nos dirigimos a un lugar al que una vez que entras, viajas en el tiempo. Nos recibe el dueño del restaurante-museo “La protegida”, Raúl Lambert, un navarrense de ley.

Lo primero que llama nuestra atención es la ´decoración´ del lugar… porque no se trata de una pulpería, tampoco de un restaurante de campo, ni siquiera de un museo. ¡Es las tres cosas juntas! Raúl ha podido combinar su pasión por las antiguedades -que colecciona desde los 15 años- con la historia, la cultura y la identidad de su amado pueblo.

Vemos objetos de todo tipo, tales como cencerros, ollas, rebenques, publicidades viejas, cuchillos, frascos, muebles, relojes, herraduras, fuentes de metal, instrumentos musicales y hasta bicicletas colgando de los techos del patio interno, donde conjugan sillas y mesas de todos los colores y aspectos.

Nos sirven una excelente entrada vegetariana, compuesta por varios tipos de quesos, aceitunas verdes y negras y huevo duro. Con una gran hogaza de pan casero nos disponemos a disfrutar mientras descubrimos lo que hay colgando de las paredes y del mostrador original, con sus barrotes de hierro característicos (que en el pasado servían para proteger al pulpero de los cuchillazos de los gauchos pasados de copas).

Luego seguimos con las empanadas, de choclo y de verdura y queso, muy ricas y livianas (y eso que eran fritas). Cuando pensábamos que el almuerzo había terminado, llega otro plato: choclo, papa y calabaza con queso. Vale la pena destacar que la materia prima de los platos proviene de la zona, Raúl le compra a sus vecinos y conocidos, para que todo quede en ´casa´.

Una vez que terminamos de comer, se nos acerca Raúl y nos empieza a contar la historia del que hoy es el Almacén-museo “la protegida”. El primer propietario fue un sirio-libanés llamado Mustafá (o “el turco” como lo conocían todos) quien manejaba el almacén de ramos generales a la vieja usanza. Luego estuvo cerrado durante mucho tiempo e incluso se alquiló como veterinaria.

Hasta que en el 2007 Raúl renunció a su trabajo de décadas para mostrar a quien lo visitase todo lo que había coleccionado durante años. Según las propias palabras del dueñoel fuerte de “La Protegida” no es la gastronomía -el menú solo cambia según si es invierno o verano y los platos son muy básicos, como los de una pulpería de antes- sino el ambiente que se vive al ingresar en el establecimiento, donde además se pueden disfrutar de shows de folklore los fines de semana por la noche.

Salimos de La Protegida a eso de las 3 de la tarde… y si antes nos parecía que el pueblo dormía, ¡ahora lo confirmamos! La hora de la religiosa siesta se hizo notar incluso en la plaza del centro, donde eramos las únicas -junto con algunos perros- que dábamos la vuelta manzana.

Dirección de La Protegida: Está ubicado en la intersección de las calles 19 y 30. Abre los viernes, sábados y domingos de noche y los sábados y domingos al mediodía.

Para leer la nota completa del paseo por Navarro, haz click en el enlace.

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