Ser vegetariano en…Marrakech: té de menta, sopa harira y zumo de naranja

Mientras escribo esta crónica recuerdo el bullicio que se sentía continuamente en Marrakech, solo reducido a la madrugada y temprano en la mañana. Pero a diferencia de lo que se puede pensar, no se trata de un destino donde el caos lo gobierna todo… Antes de llegar a esta ciudad marroquí, y más precisamente a su famosa plaza Fna el Jemaa, uno sabe que todos los sentidos estarán atentos…

El sonido de los instrumentos musicales y el regateo de los vendedores con los clientes; los colores de los puestos y las mujeres pintando con henna; las diferentes texturas de las prendas que se venden en el mercado (incluyendo las alfombras), el aroma de un rico té de menta sentado en una terraza o el sabor de un jugo de naranja recién exprimido o de un cuscús con verduras recién cocinado… Todo eso y mucho más es Marrakech y su plaza que casi nunca duerme.

Tras esta introducción, me gustaría contarles un poco las experiencias de unos días inolvidables en, a mi entender, la más auténtica ciudad marroquí. Ya habíamos estado en Casablanca, con sus aires ‘europeos’ y si bien aquí también hay un barrio afrancesado llamado Guéliz (donde comimos paninis, crepes y helados), las mejores aventuras gastronómicas las vivimos en la plaza, sin temor a equivocarme, más famosa del mundo.

Debo confesar que amo la comida árabe ya que hay muchas opciones vegetarianas. Por eso tanto en Turquía, como en Egipto y Marruecos me sentía ‘en mi salsa’ como se suele decir. En algún momento creo que haré un top 5 con los mejores falafel, tajines, babaganoush y cuscús del mundo. Son platos que suelo pedir bastante incluso en países que nada tienen que ver con Medio Oriente.

Pero volviendo a Marrakech y su plaza, lo cierto es que hay variadas alternativas para almorzar o cenar, así como también para un tentempié a media mañana o media tarde. Empecemos por las ‘terrazas’ que circundan Fna el Jemaa; la más conocida es la del Café de France, que lo usábamos además como referencia para llegar al hotel-riad, donde el desayuno que nos servían era una mezcla entre lo francés y lo árabe (café con leche, panes, jugos, quesos).

Aquí no duden en pedir un té de menta; básicamente es una taza con un gran puñado de hojas de menta y agua caliente que se endulza con azúcar en cubos. ¡Es impresionante la cantidad de menta que le echan a cada taza! Te recomiendo que vayas a una de las terrazas por la tarde, para ver desde arriba la vorágine que representa el armado de la plaza, cómo van llegando los turistas y los vendedores; las luces se encienden poco a poco y el humo de los puestos de comida llegan bien alto y se confunden con las nubes.

Fuente: Flickr (me olvidé de tomarle una fotografía al rico té de menta)

Durante el día todo es bastante más tranquilo y si el calor desértico les juega una mala pasada, siempre pueden disfrutar de un rico jugo de naranja exprimido en el momento… refrescante y dulce a muy poco dinero.

Mientras paseen por el souq (mercado) y se pierdan entre sus calles laberínticas, pueden aprovechar para comprar unos típicos dulces marroquíes que se venden al peso. ¡Pueden acompañarlo con un té de menta! No se vayan de Marrakech sin probarlo… bébanlo lentamente y déjense impregnar de su aroma y sabor. ¡Como el de aquí no hay en otro lado!

Por las noches, apenas se esconde el sol, pueden elegir cualquiera de los puestos de comida callejeros que se localizan en uno de los laterales de la plaza. Tienen mesas con bancos alargados (compartidos) y el menú y los precios son similares. Puedes elegir el que te parezca más limpio, el que tenga el vendedor más amable (te seguirán por la plaza mostrando la carta) o el que tenga más comensales.

Siempre es bueno escoger el sitio donde se vea gente local comiendo, dicen que eso es sinónimo de calidad. Además de los tagine y los cuscús de verduras, no se pierdan la sopa harira, que se come con una especie de galleta dulce. La receta dice que no lleva carne, quiero confiar en que allí la han seguido al pie de la letra… es de una consistencia algo espesa y muy caliente, tanto que en pocos minutos su temperatura aumentará y si son como yo… tendrán las mejillas enrojecidas.

Siendo vegetarianos, en los países árabes podrán degustar muchos platillos típicos o incluso aprovechar la influencia europea para comer bocadillos, pizzas o patatas fritas donde vayan.

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