Ser vegetariana en Bariloche (parte 1)… recibiendo mis 35 en el Llao Llao

No puedo creer que ya llegué a la crónica número 50 de cómo ser vegetariana por el mundo. Y además esta nota es especial porque incluye mi festejo de cumple! Sí, porque festejé mis 35 vueltas al sol en la hermosa Patagonia y además cumpliendo uno de mis sueños viajeros.

Pero mejor no me adelanto a los hechos. Empecemos un día antes (sábado) cuando dejé la preciosa Villa La Angostura un día soleado de abril para dirigirme a San Carlos de Bariloche. A esta ciudad había ido en mi viaje de egresados allá por el 2003, y por supuesto no me acuerdo de mucho de esa época (porque no se visita mucho en este viaje).

El primer destino apenas llegué a Bariloche fue el famoso “Circuito Chico”, que está a unos 20 km del centro cívico de la ciudad. Pero como venía en viaje desde La Angostura, me pasé el punto más neurálgico (que visitaría en la semana).

La parada inicial del trayecto fue la aerosilla del Cerro Campanario. Se accede desde la Avenida Bustillo y es uno de los imperdibles de la zona. El costo para subir por persona es de $600 (abril 2021) y el recorrido no es más que 5 minutos. Para no aburrirte podes ir viendo los árboles nativos con carteles bien explicados. Arriba hay dos miradores y una cafetería. Como era mediodía hice un almuerzo rápido (me pedí un tostado árabe de tomate y queso porque muchas opciones veggies no había), que se puede consumir en la misma cafetería mirando la montaña y el Nahuel Huapi.

El descenso del Cerro Campanario en la aerosilla. Por suerte el día estaba despejado!

No me quedé mucho porque quería seguir recorriendo. A unos 800 metros siguiendo por Bustillo hay una rotonda y se puede elegir tomar a la derecha o a la izquierda para hacer el circuito chico en el sentido que queramos. Decidí la primera opción. Entre cabañas y muchos árboles, curvas y contracurvas, subidas y más subidas, pasé por el Hotel Llao Llao, Puerto Pañuelo y el Parque Municipal Llao Llao. Ahí bajé para hacer un pequeño sendero (no lo completé) y caminar entre árboles añosos.

Después seguí el circuito chico parando en los miradores que nos ofrecía el camino. No están muy bien señalizados con anticipación, pero como vas paseando, tenes que prestar atención a donde haya autos estacionados o algún cartel. Vale la pena parar para ir a los miradores, porque te dejan todos con la boca abierta de la belleza natural que ofrecen.

Como anécdota adicional, iba por el circuito y de repente veo a dos zorros (supongo que eran cachorros) caminando a la vera de la ruta. Paré para sacarles fotos y no parecían asustarse con nuestra presencia. ¡Hay que tener mucho cuidado porque cruzan la ruta!

Ya para ese momento eran como las 2 de la tarde y tenía hambre de nuevo, así que plan “obligatorio” en Circuito Chico es ir a la cervecería Patagonia. Tienen un patio cervecero y unos miradores. Estaba bastante lleno, seguramente porque no hay demasiadas opciones en la zona y además porque era sábado y estaba hermoso el clima. En cuánto a opciones vegetarianas muy escasas, solo pude comer unas empanadas de humita. ¡En el menú mencionaban una veggie burger pero no tenían! Probé la cerveza artesanal y caminé un poco por el predio, aunque en seguida continués camino.

¡Es que era momento de hacer checkin en el hotel del fin de semana! Que no era cualquier hotel, sino nada más y nada menos que el Llao Llao! Allí iba a recibir mis 35 y a pasar dos días en un lugar increíble. Para los que no saben, desde mis 30 que festejo mis cumples (salvo el 2020 pues cuarentena) en algún lugar que no sea mi casa. Estuve en Marrakech, San Francisco, Mar de las Pampas, San Antonio de Areco… y esta vez en Bariloche. Pero lo quería festejar en grande. ¡Otra vez me vuelvo a adelantar en el relato!

Llegué al Llao Llao, fui a la habitación que tenía vistas al lago y después de dejar las valijas me fui a pasear por el hotel y después me quedé leyendo en el jardín. Merendé en el lobby y después de un poco de descanso cené en el restaurante. Me pedí unos ravioles de calabaza que estaban muy ricos. Algo que me gustó del hotel fue el sistema de turnos para disfrutar de las instalaciones (que haría uso pleno al día siguiente), mediante una aplicación con el número de habitación podías reservar lo que querías.

ser vegetariana en bariloche
La cena previa a mi cumple en el Restaurante del Llao Llao

Y así llegó mi “día especial de cumpleaños” el domingo 25 de abril. Tenía turno para desayunar a las 8,50 y creo que llegué unos minutos antes de la emoción. Y más fue mi felicidad cuando vi que tenían leche de almendras! (algo así me pasó en Nashville con las opciones veggies del desayuno). Me pedí un desayuno de campeona cumpleañera que incluyó frutas, huevos revueltos, tostadas…

Después de desayunar decidí salir a caminar por los exteriores del hotel. Me quedé asombrada con las vistas de la montaña y también aproveché para chusmear un poco la huerta hidropónica del jardín. Bajé hasta la Avenida Bustillo y fui a la Capilla San Eduardo que está a un par de cuadras.

La Capilla San Eduardo, una visita «obligada» en la zona del Llao Llao.

Lamentablemente era el momento de hacer el checkout de la habitación, pero lo bueno es que se podían seguir usando las instalaciones todo el día. ¡Yo aproveché para pedir turno en la pileta al mediodía! Pero antes, en recepción me sorprendieron con una caja de chocolates por ser mi cumple. ¡Un hermoso detalle! De ahí fui a la pileta, que tiene una parte climatizada y otra al aire libre. Y las vistas son impresionantes, la verdad que no me quería ir.

Y como tenía un poco de hambre (cuando no) dejé el hotel -me vuelvo a adelantar, porque más tarde regresé- para ir a Colonia Suiza, un pueblito que está dentro del circuito chico, pero saliendo de la ruta principal. Me habían dicho que el domingo era el mejor día para ir y la verdad es que había bastante gente. Se puede estacionar en el predio de la feria y de ahí caminar (no son más de 5 cuadras por la calle principal). Si bien es un lugar pintoresco la verdad es que no me deslumbró.

Fui a comer a un restaurante que no tenía tanta gente y me pedí una ensalada con una cerveza artesanal. No me quedé mucho en la colonia, decidí volver al circuito chico pero en sentido opuesto al del día anterior. Volví al Parque Municipal Llao Llao y caminé alrededor de una hora (ida y vuelta) en el sendero principal que empieza donde está el estacionamiento.

Postal típica de Colonia Suiza, con casitas de madera de diferentes colores.

Para ese entonces ya eran casi las 5 de la tarde y… ¡había que volver al Llao Llao! ¿Para qué? Para disfrutar de mi merienda especial de cumpleaños. Al menos para mí se llamó así, aunque oficialmente es el Servicio de Té que se sirve en el Winter Garden. Les confieso que fue el mejor regalo de cumple que recibí en mucho tiempo.

Te traen una bandeja de tres pisos con muchas opciones dulces y un platito con sandwiches (no había veggies, no lo pedí tampoco, quizás si avisaba los preparaban diferente). Incluye 2 infusiones que pueden ser calientes o frías y unas vistas de ensueño. ¡Ahora entenderán por qué comí solo una ensalada en el almuerzo! (Y por qué después no cené).

Parte de la merienda especial de cumpleaños en el Llao Llao

Dejé definitivamente el Llao Llao a eso de las 19 hs porque los siguientes días me alojaría en un hotel más cerca del centro, por el km 2,5 de Bustillo, para ser más precisos. Así terminaba mi fin de semana de cumpleaños, con varios sueños cumplidos y muchos objetivos y planes para los próximos meses.

La semana en Bariloche transcurrió entre paseos y trabajo, quedaron muchísimas cosas por hacer y conocer. ¡Prepárense para leer más aventuras veggies en la segunda parte de la nota!

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