Ser vegetariano en Buenos Aires – Mercado de Maschwitz y Torrepueblo: tranquilidad y silencio

Si hay algo que me identifica es que soy una persona que ama la calma y no la pasa muy bien en ambientes bulliciosos y muy concurridos. Por ello quizás le ‘escapo’ a ciertos planes de fines de semana o a las vacaciones de verano en la playa (además de porque soy fanática de la montaña).

Digo esto antes de comenzar a contarles mi experiencia en Maschwitz porque no es lo mismo ir un miércoles al mediodía que un domingo por la tarde. Yo elegí la primera opción incluso aunque sabía que muchos lugares estarían cerrados o que no habría eventos especiales… pero así es como prefiero recorrer un sitio… a mi ritmo, con mis tiempos, disfrutando de la tranquilidad y charlando con una gran amiga.

Llegar al Mercado de Maschwitz es muy simple si vamos en auto, ya que queda a la vera de la autopista (ruta 9 ramal Escobar). También se puede ir en tren, más precisamente con el ramal Villa Ballester-Zárate de la línea Mitre. La estación nos deja a unas 10 cuadras.

La primera impresión que tuve al arribar a esa zona fue que allí se respira mejor, había ‘olor a campo’ por decirlo de alguna manera. Y lo que más me gustó del mercado en general fue su diseño y arquitectura, algo caótico y al mismo tiempo armonioso, una idea creativa y perfecta para un paseo diferente un miércoles de septiembre.

Parte de la arquitectura en el Mercado de Maschwitz, entre tarimas de madera y vitreaux.

Con dos pisos a diferentes alturas y entarimados de madera, ventanas de colores y muebles antiguos, cada local del Mercado de Maschwitz tiene su impronta. Para almorzar elegimos un restaurante de la planta baja (uno de los pocos que estaba abierto) donde disfrutamos de hamburguesas de lentejas con una rica ensalada, limonada y pan casero.

El día estaba hermoso para dar un paseo así que una vez que terminamos de recorrer el Mercado decidimos caminar por la calle Mendoza, donde hay varios ‘paseos’ a cielo abierto, que seguramente los fines de semana se llenan de gente. Son solo tres cuadras, pero las opciones de cafeterías y cervecerías abundan.

Como todavía era temprano y la temperatura estaba agradable, seguimos el paseo, esta vez en auto. Continuamos por la calle Mendoza, giramos a la derecha en Avenida El Dorado (paralela a las vías del tren) donde hay parques con juegos para niños y luego doblamos en la Avenida Villanueva, ‘la del centro’ de Maschwitz y que discurre en diagonal a la autopista. Luego tomamos colectora hacia la izquierda (en dirección a Capital) y a menos de 20 cuadras nos topamos con una construcción que llamó nuestra atención.

Entrar a Torrepueblo es como ir a un pueblo de la Toscana italiana, lugar a donde aún no tuve la oportunidad de visitar pero que realmente me encantaría conocer. Esta construcción de ladrillos a la vista y piedras, balcones repletos de flores y hasta fuentes de agua en las paredes nos dio la bienvenida… Pero lo que realmente nos encantó fue su patio central, con una bonita fuente, baldosas en el suelo y una torre que parecía el campanario de alguna iglesia antigua.

El bonito patio estilo italiano de Torrepueblo nos permitió disfrutar de la merienda al aire libre.

Ya era la hora de merendar, así que nos decidimos por unos licuados de frutas que disfrutamos en el ya mencionado y encantador patio (también hay un par de restaurantes que abren los fines de semana o algunas noches), mientras imaginábamos cómo sería ir a Italia y recorrer sus pueblos.

De a poco iba oscureciendo, las luces se encendían… ¡y el lugar embellecía! No queríamos regresar, así que retrasamos lo máximo posible la vuelta a casa. Sin dudas fue un día hermoso en un lugar no tan conocido por aquellos que no vivimos en zona Norte y que realmente merece la pena el viaje hasta allí.

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