Ser vegetariano en… Carlos Keen – almuerzo en restaurante de campo, feria artesanal y producción de gírgolas

Antes de que el invierno se haga presente en Buenos Aires y cambien los rumbos de los paseos, decidimos con mi amiga Claudia visitar un pueblo que hace tiempo ´lo teníamos entre ceja y ceja´ (en el buen sentido).

Así que, con un buen café con leche en mano (ella mate), emprendimos una nueva aventura, otra vez con el pronóstico de lluvias para la hora de nuestro regreso. Pero no nos adelantemos…

Llegamos a Carlos Keen al mediodía de un sábado (no es recomendable ir de lunes a viernes porque no hay negocios abiertos y el pueblo parece desierto) y el primer lugar que visitamos fue, como no podía ser de otra manera, la antigua estación de trenes. Solo fue para ´la foto´ que documentaba nuestra visita, ya que nos estaban esperando para almorzar. ¡Luego regresaríamos!

A pocas cuadras de allí, siguiendo la calle Emilio Mitre (la principal) y tras atravesar un hermoso camino arbolado arribamos a un restaurante de campo llamado “La Nueva Manukita”. Nos estaba esperando la dueña, Dolores, quien nos cuenta un poco sobre la cantidad de vegetarianos y veganos que visitan al pueblo. Ella, según dice, está preparada y ofrece menúes diferentes al asado o a las empanadas de carne si se avisa con anticipación.

Por lo cual… ¡Es momento de degustar! Empezamos con una picada veggie compuesta por buñuelos de acelga, pencas al escabeche, queso crema con cebolla morada, quesos, aceitunas, zanahoria, tomate, lechuga y huevo duro. Todo eso acompañado de un pan 100% casero y de la tranquilidad de estar bajo la sombra de una glorieta, no podíamos pedir más…

La colorida picada veggie en La Nueva Manukita

¡Pero llegó la hora del primer plato! Elegimos pastas, en mi caso unos sorrentinos de calabaza con salsa mixta. Mi amiga se pidió unos tallarines. Masa suave, bien casera, gustosa… salsa como las que hace una típica abuela tana… una delicia para nuestros paladares. Y cuando pensábamos que ya no podíamos comer más… ¡El postre! Decidimos compartir un flan casero con dulce de leche, como para completar el almuerzo de manera bien tradicional.

Sorrentinos de calabaza con salsa mixta (arriba) y flan casero con dulce de leche (abajo).

Pensamos seriamente en hacer el camino del regreso sin el auto (para completar la digestión), pero finalmente decidimos estacionarlo en el predio de la estación. Allí los fines de semana se desarrolla una feria de artesanos, donde todos los pobladores de Carlos Keen están presentes. Puedes comprar quesos, huevos de campo, mermeladas caseras, chocolates, alfajores, miel, panes y también artesanías como macetas, carteras y mucho más.

Información sobre Carlos Keen: El pueblo -de 8 cuadras de largo por 4 cuadras de ancho- tiene 500 habitantes y fue bautizado en honor a un abogado y periodista nacido en 1840 que no tuvo participación en su creación… ¡Ni siquiera lo conoció!

Ingresamos también al centro cultural y oficina de turismo y ´husmeamos´ un poco en la vieja estación, que nos pareció un tanto olvidada y descuidada (todo lo opuesto a la que habíamos visitado en Navarro). Por allí pasaba el tren del ramal Luján-Pergamino, que empezó a construirse en 1875.

La antigua estación de trenes y feria artesanal

Caminamos por la calle paralela a Mitre (del otro lado del la vía), llamada San Carlos, donde encontramos varias casas antiguas de ladrillo a la vista y grandes ventanas y puertas. Allí destaca también la Iglesia San Carlos Borromeo, construida en 1906, de ladrillo por fuera y muy simple y austera por dentro. A pocos metros, un señor vende batatas orgánicas -de su propia huerta- en una carretilla y unos pasos más adelante, nos topamos con la fábrica de fideos San Carlos, uno de los ´orgullos´ de Carlos Keen.

La Iglesia San Carlos Borromeo, lugar de reunión para los locales.

En la esquina de San Carlos y Gral. Paz veo una construcción de paredes blancas y puerta verde (justo en la esquina) con fecha de construcción 1888. Se trata de la escuela secundaria N°4, por supuesto cerrada por ser sábado. Me pongo a pensar qué privilegio poder estudiar en un edificio tan antiguo… pero salgo de mis pensamientos al observar un poco más de ´movimiento´. Es que por la calle Gral Paz hay varios restaurantes con mesas en la vereda, sombrillas coloridas y gente bajando de micros para almorzar.

Justo antes de cruzar las vías en desuso está la biblioteca popular, en lo que fuera la antigua estafeta postal. Y en frente, una hermosa carreta pintada de todos colores que demuestra que si bien Carlos Keen es cada vez más turístico, sigue siendo un pueblo de campo con todas las letras. Regresamos caminando entre las vías y pasamos por el parque San Carlos, a esa hora de la tarde con algunos niños jugando y riendo. Nos subimos al auto para poner rumbo al último destino de la tarde.

Una de las postales de Carlos Keen y su esencia campestre.

Desde el predio de la estación giramos a la derecha por Emilio Mitre (también repleta de restaurantes de campo) hasta que se corta y nuevamente a la derecha por Gral. Paz. Antes de las vías hay una calle de tierra llamada Bernardo de Irigoyen y un cartel que nos indica que vamos en buen camino: a la producción de gírgolas de Mirando al Sur. Hay que hacer 200 metros por esa calle, girar a la izquierda y a 50 metros está la entrada para vehículos.

Nos recibe Leandro, el dueño de la producción, quien junto a su esposa Gabriela hacen visitas guiadas por el ´galpón´ que emula a la naturaleza y permite la producción de hongos comestibles.

Todo comienza con una mezcla de madera y paja de avena de la zona, que se coloca en unos tambores de producción nacional y se les agrega agua para aumentar a 70% la humedad. Posteriormente se pasteuriza para quitar toda ´competencia´ para las gírgolas. Cuando la mezcla baja la temperatura a 25°C se siembran los hongos.

Luego se colocan en bolsas plásticas que emulan los troncos de los árboles y se pasan a la segunda sala, de incubación, que es oscura y con temperatura constante de 25°C. Allí se dejan por unos 20 días para que los hongos se alimenten y ´contaminen´ todo el recinto donde se encuentran.

Fructificación de las gírgolas (fotos del Facebook de Mirando al Sur).

La manera de darnos cuenta si ya han colonizado por completo es porque el contenido de las bolsas cambia de color. Primero es marrón y cuando el micelio (que sería como las raíces del hongo) ya se esparció por completo es blanco. Es allí cuando la gírgola quiere fructificar.

Entonces se pasa las bolsas a la tercera sala, de fructificación, y se le hacen unos agujeros para que por ellos puedan salir las flores, que es lo que después se cosechará. Esta habitación tiene 8 horas de luz por día y 70% de humedad. Deben pasar 45 días para la primera de tres o cuatro cosechas -con una separación de hasta tres semanas entre cada una- y luego de los tres meses el contenido de la bolsa se utiliza como abono en huertas para alimentar el suelo.

Información sobre Mirando al Sur: Abre los sábados, domingos y feriados de 14:30 a 18:30 hs, la entrada es gratuita y tras la visita guiada se pueden comprar gírgolas, miel y otros productos. También brindan cursos de cultivo de hongos durante la semana (fechas especiales).

Al salir del galpón podemos comprar no solo bandejas de gírgolas y hasta una caja para cultivar nuestros propios hongos en casa, sino también otros productos, incluyendo miel que ellos también producen. Me pasan la receta de las milanesas de gírgolas, que hago al otro día y me llevo mi cultivo de gírgolas para cosechar en la cocina. ¡Ya les mostraré los resultados!

Mientras estábamos en la visita guiada la tormenta nos dio el primer aviso… era la hora de retornar a nuestros hogares. Así que tomamos el camino hacia la ruta y luego a la autopista, donde el aguacero nos acompañó durante un gran tramo. Pero nada de eso importó, ya que habíamos pasado una hermosa jornada en un pequeño pueblo gastronómico que sigue en pie manteniendo sus tradiciones, pero que se ´aggiorna´ a los tiempos actuales y ofrece más que el típico asado.

Cómo llegar a Carlos Keen: Desde Capital son 87 km, la ruta más recomendable es por Acceso Oeste (Ruta 7), pasando Luján hay un cartel que indica la entrada del pueblo. Ese camino desemboca en la plaza de la ex estación de tren.

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