Ser vegetariano en… Colonia del Sacramento – pizza y postre chajá

Las calles de Colonia tienen ese “no sé qué” que tanto me atrapan… he ido varias veces y nunca me canso de recorrerlas. Quizás sea por ese aire colonial y esas piedras de tantos años que han visto pasar hombres de a pie, carretas, bicicletas y coches. O tal vez por la cercanía con Buenos Aires que permite verla desde la Costanera cuando el día está soleado.

Llegar a Colonia del Sacramento es muy fácil desde la capital argentina. Es tan simple como ´cruzar el charco´ (como se dice popularmente) y respirar un aire diferente, cargado de la tranquilidad que caracteriza a muchos lugares uruguayos, al menos en los que he estado debido a que mi familia es de Montevideo.

Apenas uno baja del barco en la terminal puede tomar la calle Manuel Lobo hacia la izquierda y a solo 600 metros viajar en el tiempo, hacia la época de la colonia, allá por el 1800. El portón del campo nos da la bienvenida a un mundo antiguo, donde se usaban cañones para protegerse de los enemigos y por las noches las calles y las casas se iluminaban con faroles a vela.

Caminando por la Herniquez de Peña nos encontramos con la calle más famosa de todo Colonia: la calle de los suspiros. Existen diferentes ´teorías´ de por qué se la ha nombrado así. Algunos dicen que los suspiros eran de las enamoradas que veían pasar a los marineros antes de subir a sus barcos… otra versión menos romántica afirma que se debe al suspiro de las madres al ver a sus hijos antes de ser llevados a la horca. Por supuesto yo me quedo con la primera opción.

La calle de los Suspiros es la más famosa de todo Colonia del Sacramento. Fuente: Flickr

En solo un puñado de cuadras podemos disfrutar del casco histórico de Colonia, que incluye varios museos (el portugués y el municipal por ejemplo), la Plaza Mayor y el Faro. Si no hay mucha gente te recomiendo que subas hasta lo más alto y admires el paisaje. Rodeada por el río, Colonia es bonita en todos sus ángulos…

Puedes seguir caminando bordeando el río y girar a la derecha en la calle de la Playa, repleta ahora de restaurantes con mucho estilo que han mantenido las fachadas pero en el interior se nota que ha llegado también la modernidad. Un poco más en el corazón del casco histórico nos encontramos con la Basílica del Santísimo Sacramento, pequeña pero muy bonita.

Y a solo una cuadra de allí está la Avenida General Flores, ´la del centro´ con varios locales para comprar recuerdos y algunos restaurantes. Yo elijo siempre el que, a mi entender, tiene las pizzas más ricas (después de las de mi abuela Lila, claro está): La Pasiva. Es un clásico uruguayo, donde se pueden conseguir además otros platos, pero a mí no me hace falta mirar el menú, ya que pido lo mismo: una pizza de muzzarella. No hay palabras para describir esta pizza, les recomiendo que la prueben ya sea en Colonia como en otra ciudad de Uruguay.

La segunda pizza más rica del mundo (después de la de mi abuela Lila) la sirven aquí en Colonia del Sacramento.

De postre, me pido un chajá con un cortado. Este postre es típico del país y se trata de un bizcochuelo con merengue, dulce de leche, crema y varios ingredientes más.

El postre chajá es un clásico de Uruguay… acompañado de un cortado es la merienda perfecta en Colonia del Sacramento.

Después de haber almorzado opíparamente salgo a dar otra vuelta por Colonia del Sacramento, cruzo la Plaza 25 de agosto y sigo por la calle Lavalleja dos cuadras, hasta una muy bonita feria artesanal en la intersección con Dr. Daniel Fossalba. Luego camino por las calles Rivadavia y San José, hasta el muelle de yates. Este lugar está un poco ´escondido´ y es muy tranquilo, con bancos como para sentarse a admirar el río tomando mate (bajo el brazo como los locales) y ver las tareas de los dueños de las embarcaciones.

El sonido del agua me invita otra vez a seguir caminando, pero esta vez por la calle Santa Rita, atravesar el Bastión homónimo y continuar por el Paseo de San Gabriel, el mejor sitio donde ver el atardecer, sobre todo si estás acompañado.

Una de las calles de Colonia que desembocan en el río, con su magia especial y cautivante.

Como todavía me quedaba un rato más para seguir disfrutando de Colonia antes de que sea la hora de regresar, vuelvo a caminar a la vera del río y a perderme entre sus calles adoquinadas (la mitad al estilo español, la otra mitad portugués), paso por el museo del azulejo, la casa del virrey y la plazuela del bastión de la bandera.

Desando el camino cruzando el Bastión y me dirijo al puerto donde una hora después de subir al barco estoy de nuevo en la realidad de mi ajetreada ciudad de edificios modernos, caos de tránsito y gente acelerada.

Será por eso que siempre quiero volver a Colonia del Sacramento a sentir esa tranquilidad que se respira y se disfruta a cada paso… espero que nunca se rompa el hechizo, el que me cautivó hace mucho y que cada tanto me llama para que regrese y descubra algo que en otra ocasión he pasado por alto…

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