Ser vegetariano en… Denver: cervezas artesanales, comida internacional y mucha historia

Primera vez que visito una ciudad ´de la zona de las montañas´ (anteriormente estuve en metrópolis de las costas Este y Oeste). Denver me sorprendió por su gran historia, la presencia de nativos americanos en cada rincón y la mayor cantidad de cervecerías -breweries- del mundo.

Al igual que sucedió con Portland, no esperaba que Denver me gustase tanto. Esta ciudad, en el estado de Colorado se localiza casi casi en el centro de Estados Unidos y fue fundada a los pies de una montaña durante lo que se conoce como ´la fiebre del oro´ (mediados del siglo XIX) y en lo que antiguamente era el hogar de varias tribus, entre ellas los Cheyenne y los Arapaho.

Hoy en día Denver es más que moderna y se enorgullece de contar con 300 días de sol al año. ¡Y justo cuando llego estaba nevando! Se trató de una nevada atípica que duró menos de 24 horas pero que me permitió disfrutar de un clima mucho más templado que el que estaba ´sufriendo´ en Miami.

Apenas llegué al aeropuerto de Denver sentí que me iba a encantar esta ciudad… y mi ´sexto sentido viajero´ no se equivocó. Podría decir que la capital de Colorado se ha convertido en una de mis favoritas entre todas las que tuve hasta ahora la suerte de conocer.

Ya sin vestigios de la nieve, que se derritió casi por completo en un día, decidí empezar a recorrer Denver y qué mejor que con un walking tour. Dicen que es una de las formas más interesantes de conocer una ciudad, porque nos da un ´pantallazo general´ de los atractivos y después podemos elegir dónde ir y qué profundizar. Y lo mejor de todo es que era un recorrido gratuito (al terminar se le paga al guía lo que uno quiere) con una duración de más dos horas. ¡Toda una mañana!

El punto de encuentro fue el Capitolio de Denver, que estaba cerrado por ser feriado (Columbus Day). De allí cruzamos por el Civic Center Park para llegar hasta el anfiteatro griego -donde se realizan desde ferias hasta conciertos e incluso protestas- y luego a uno de los laterales de la biblioteca pública.

Capitolio de Denver

Caminamos unos metros hasta el edificio del museo de arte (que parece una cárcel), pasamos por la entrada del City Council (el Ayuntamiento) y detrás de este la casa de la moneda, que se permite el ingreso pero justo estaba cerrado por el feriado.

¿Sabías que las monedas de Estados Unidos se acuñan en tres ciudades? Estas son Denver, Filadelfia y San Francisco. Se puede saber de dónde salió cada una porque tienen una letra que las identifica (la inicial de la ciudad).

De allí tomamos la calle 14 mientras la guía nos iba contando cosas muy interesantes de la ciudad, hasta la intersección con la calle California, donde se localiza el moderno centro de convenciones de Denver. En el interior además funciona una oficina turística que te brinda mapas y mucha información. Pero sin dudas lo que más llama la atención del exterior del edificio vidriado es la estatua de un gran oso azul, de pie y como si estuviese mirando a través de las ventanas. Con sus 12 metros de alto es uno de los íconos de la metrópoli.

No nos quedamos mucho ahí, ya que el recorrido continuaba. A solo 100 metros nos detuvimos en una galería con techos vidriados. A la izquierda, la ópera de Denver; a la derecha, unas fantásticas estatuas de Botero, el artista colombiano. Lugar perfecto para una foto grupal y un coffee break de 10 minutos (detrás de las estatuas había una cafetería, pero yo crucé la calle y me compré un latte en un Starbucks que estaba más vacío).

Continuamos por 14th St hasta la esquina con Larimer Square, una calle muy conocida y que durante los primeros años de la ciudad albergaba bares y hoteles y por supuesto era el centro de reunión de los mineros al terminar su jornada laboral. Hoy son 200 metros de restaurantes, cafeterías, negocios y una bonita decoración, tanto para disfrutar de día como de noche.

Larimer Square

Seguimos por Larimer dos cuadras hasta 16th Street Mall, llamada así porque es el centro comercial de la ciudad, e incluye un shopping, tiendas de recuerdos, restaurantes, cafeterías y supermercados. Por esta calle circula un autobús gratuito que tiene paradas en todas las esquinas. Perfecto si nos cansamos de tanto caminar. Transitamos por esta especie de peatonal tan concurrida, con la torre del reloj a nuestras espaldas y muy cerca de terminar nuestro paseo.

Giramos a la derecha en Wazee St y tomamos a la izquierda una cuadra más tarde, para pasar por la puerta del Oxford Hotel, el más antiguo de la ciudad que aún sigue en pie. A escasos 100 metros, la hermosa estación de trenes, donde finalizaba el walking tour.

Union Station fue fundada en 1881 y alberga no solo la estación de tren con varios servicios (incluyendo la línea A que te lleva al aeropuerto y el California Zephyr que va desde San Francisco hasta Chicago, atravesando casi todo el país de punta a punta) sino también un hotel de 4 estrellas, una librería, varios bares y restaurantes. ¡Y una bonita sala de espera con asientos de madera!

Ya para ese entonces era pasado el mediodía y mi estómago -algo resentido de tanta comida chatarra- me pedía un almuerzo. Decidí comer algo en la estación de trenes. Lo más ´sano´ que conseguí fue un wrap vegetariano con espinaca, palta, palmitos y aceitunas negras. Lo disfruté en los bancos de la sala central mientras pensaba en cómo sería llegar a una ´polvorienta´ Denver más de un siglo atrás.

Al terminar mi almuerzo caminé por Wynkoop Street y luego tomé Blake Street para llegar a Coors Field, el estadio del equipo de béisbol local, los Colorado Rockies. Debo confesar que no soy muy fanática de este deporte, pero como buena periodista deportivo que soy no me lo podía perder. A las 14 hs tenían una visita guiada (el ticket salía 12 usd), así que esperé pacientemente en la Puerta D hasta que el guía nos abrió la gran reja que nos separaba del estadio.

Coors Field

La visita dura alrededor de una hora y media y te lleva por los diferentes ´pisos´ y lugares importantes, como por ejemplo los palcos, la cabina de prensa, el vestuario visitante, la terraza con su gran bar, el restaurante principal, el banco local y si tienen suerte también al campo. No fue mi caso, porque estaban restaurándolo para la siguiente temporada (aún no pude entrar en ningún campo de todos los estadios que visité, como por ejemplo el del Barcelona y el del Real Madrid en España).

Un dato interesante sobre Coors Field: cuando estaban cavando la tierra para construir el estadio encontraron fósiles de dinosaurios ¡de nada menos que 65 millones de años! Por ese motivo es que decidieron que la mascota del equipo, Dinger, sea un triceráptors violeta, en honor a ese descubrimiento (y con el color preponderante de los Rockies).

Finalizada la visita regresé al AirBnB donde me alojaba, en el barrio de LoHi, repleta de bares, cervecerías y terrazas donde disfrutar de una buena comida. Comimos en un food truck a dos cuadras de la casa, disfrutando de una (o varias) cerveza artesanal hecha en Denver. ¡Ese día había tenido muchas emociones!

Segunda jornada en ´la ciudad a una milla de altura´ (1609 metros sobre el nivel del mar para ser más exactos) y en este caso el destino fue un poco más natural. El único contacto que tuve con las montañas de la zona fue una experiencia maravillosa.

Llegamos en auto a Matthews Park para comenzar el recorrido por el ´dinosaur ridge´, entre subidas y bajadas, a ambos lados teníamos autopistas y escuchábamos el sonido de los autos. Pero eso no nos importaba, ya que estábamos en medio de la montaña, y el camino solo nos ´dejaba´ mirar hacia abajo para no tropezar con ninguna roca y tomar un respiro en cualquiera de sus tantos miradores.

Dinosaur Ridge

Tras caminar más de una hora, siempre por senderos bien delimitados, llegamos al Red Rock Amphitheatre, un punto bastante turístico en plena montaña y a media hora del centro de Denver. Como su nombre lo indica, se trata de un anfiteatro construido en medio de dos grandes rocas rojizas. Con una acústica impresionante, se emplea para conciertos durante el verano. También podemos encontrar un museo, un restaurante al aire libre (estaba cerrado), un Starbucks (hay prácticamente uno por cuadra en la ciudad) y una tienda de regalos.

Red Rocks Amphitheatre

Otra hora para regresar (por un sendero diferente) y 20 kilómetros en total nos ´devolvieron´ al parking donde estaba nuestro vehículo… con las piernas y los pies latiendo por el esfuerzo y la respiración agitada, pero felices por haber estado en un lugar con impresionantes vistas y que fuera habitado por dinosaurios hace millones de años atrás.

Como estábamos muy cansados para ir demasiado lejos para almorzar, decidimos caminar solo una cuadra desde nuestra casa hasta un patio de comidas que a esa hora no estaba tan concurrido (lo contrario sucedía por las noches). Decidí comer falafel, con hummus y algunas verduras acompañado por un thai iced tea (que había probado en Washington y me había encantado).

Falafel y thai iced tea

De regreso en la casa, dormí una siesta reparadora de varias horas y para la hora de la cena, compré ´to go´ una arepa vegetariana. La arepa es una comida típica venezolana, compuesta por una especie de pan asado relleno de diferentes ingredientes, el mío tenía algunas variedades de quesos y guacamole.

Arepa venezolana

Ya recuperada de mi gran caminata del día anterior, decidí volver al downtown de Denver, pero en esta ocasión sola y a mi propio ritmo. Así como para el walking tour, comencé en el Capitolio… ¡Pero esta vez con una visita guiada por el interior! Los tours comienzan a las 10 de la mañana y son cada media hora, duran unos 60 minutos, son gratuitos y en inglés.

Durante el recorrido podemos ver las diferentes cámaras (de diputados y de senadores), los salones y la hermosa cúpula. Merece la pena destacar que todos los materiales usados para la construcción de este edificio -mármol, madera y oro mayormente- son del Estado de Colorado. Sin dudas lo mejor de la visita fue llegar a lo más alto del Capitolio y ver toda la ciudad y las montañas en 360°… ¡Luego de subir por una empinada escalera!

Vistas desde el Capitolio (El Ayuntamiento y las montañas)

Segundo destino de ese día: la casa de Molly Brown, ubicada a tan solo 300 metros del Capitolio. La entrada cuesta 13 usd y sí o sí hay que entrar con visita guiada, las cuales son cada media hora desde las 10 de la mañana hasta las 15.30 hs. Yo llegué a las 11.40 y ´me tocó´ la visita de las 12 hs. Mientras esperaba me tomé un café con leche y una galleta vegana de almendras y pasas en una cafetería ubicada justo al lado.

Muy puntual nuestra guía se presentó en el porche de la casa (con una bonita hamaca) y nos contó un poco sobre la vida de Margaret Brown, una mujer que luchó por los derechos de las mujeres de Estados Unidos y que ´se hizo conocida´ por haber sobrevivido al Titanic. En el recorrido se pueden visitar todos los ambientes de esta casa de dos pisos, muy ostentosa y que nos da la pauta de que los Brown ´tenían un buen pasar´.

Casa de Molly Brown

Salí de la casa de la ´insumergible Molly´ con bastante apetito así que caminé unos 300 metros hasta un restaurante 100% vegetariano donde comí una riquísima veggie burger con papas fritas en la barra del local, ya que todas las mesas estaban ocupadas.

Veggie burger + fries

¡Recién habían pasado tres horas de paseo y todavía quedaba más por descubrir en Denver! Por eso caminé menos de tres cuadras hasta el museo de historia (History Colorado). La entrada cuesta 14 usd y por 5 usd más tenés una audioguía disponible en español. Además te daban un ticket para ingresar gratis a otro museo cercano, del que después les contaré.

En sus cuatro pisos, podemos aprender mucho sobre la historia del Estado de Colorado en general y de Denver en particular. Por ejemplo hay exhibiciones sobre dinosaurios, minería, deportes al aire libre (principalmente esquí en Aspen), los pueblos originarios como los Ute y dos muestras que me gustaron mucho, una que alberga 100 objetos que representan la historia de la ciudad desde los orígenes y otra sobre el pasado y presente de la cerveza. Vale destacar que en Colorado hay nada menos que 360 cervecerías. ¡Podemos visitar una por día y completar casi un año!

Exhibición sobre la cerveza en History Colorado

El museo de historia de Colorado es perfecto para ir con niños, ya que hay muchas actividades multimedia, como por ejemplo videos, juegos, artesanías y hasta sonidos que se activan al pasar por al lado (algunos te asustan un poco al no estar prevenido).

Aprovechando mi ticket gratis, me dirigí hasta la casa museo Byers-Evans, algo escondida detrás de la gran mole del museo de arte. Esta casa perteneció a dos familias muy importantes de la ciudad, de hecho hay una montaña que fue bautizada Evans en honor al gobernador John Evans, partícipe de la creación del ferrocarril local y que vivió en esta gran casona.

La casa se puede visitar únicamente con guía. Los recorridos son cada una hora entre 10.30 y 15.30 hs. Yo llegué justo para la última visita del día y para mi sorpresa, estaba sola así que podríamos decir que fue una visita privada. Mi guía, una señora ´born and raised in Denver´ me dedicó más tiempo de lo habitual por ser una turista extranjera y la única que la escuchaba atentamente.

Recorrí todos los ambientes de la casa, que fue remodelada en varias ocasiones y que albergó a varios miembros de la familia Evans, hasta la última que falleció en 1981. En ese año la vivienda pasó a formar parte del patrimonio de la ciudad y se convirtió en museo. Lo más destacado es que casi el 90% de los muebles y objetos que se exhiben son originales y datan de inicios del siglo pasado.

Casa Museo Byers-Evans

Eran casi las 5 de la tarde y si creen que volvería a descansar están equivocados. ¡Había mucho más por conocer en Denver! Entré a la biblioteca pública, crucé por el parque del capitolio una vez más y repetí por momentos el mismo camino que con el walking tour, solo que sin la guía y deteniéndome donde quería.

Caminé por 16th St Mall casi en su totalidad (de las 20 cuadras hice 15) mientras entraba en diferentes negocios y transitaba lentamente las calles, a diferencia de los oficinistas que iban saliendo de sus trabajos a toda prisa.

Sin darme cuenta, absorta en los edificios, llegué a Union Station, donde me detuve otra vez en su hall central a la espera del resto del grupo con quienes conviví en Denver (mi novio y algunos amigos) para ir a cenar a una de las cervecerías más populares de la ciudad: Wynkoop Brewery. Allí no solo se puede degustar cerveza artesanal y comer platos típicos (yo me pedí mac and cheese), sino también ver la producción de varios tipos de cerveza en el subsuelo.

Mac and cheese

Como solo había tomado una cerveza, no dudé en regresar a la casa en monopatín. Se alquilan a través de una app en el celular y se pueden usar las 24 horas. Fue una experiencia tan divertida que quise repetirla al otro día, el último en la ciudad.

Tras un poco de vida hogareña en la casa, y ya organizando la valija, almorzamos en un restaurante cercano. El menú para mi fue una ensalada liviana y agua mineral. Tras ello, usé un monopatín que estaba en la puerta del establecimiento para ir hasta el jardín botánico, que quedaba a unos 6,5 km de distancia, o 40 minutos en este medio de transporte tan peculiar.

La entrada al botánico cuesta 12,50 usd y se lo puede recorrer libremente (o con tours específicos en ciertos momentos del año). Podemos ver todo tipo de plantas divididas por ambientes, -por ejemplo exóticas, cactus, perennes- y visitar varios jardines, como el japonés, el alpino o el victoriano. Por ser cercano a Halloween había una exposición con los diferentes tipos de calabazas. Además, bancos por doquier te permitían disfrutar del paisaje y la tranquilidad del lugar.

Botanic Gardens

Salí del botánico y nuevamente tomé un monopatín para emprender el camino de regreso. Para cerrar el viaje a Denver decidimos ir a un restaurante de inspiración latina, donde comimos una degustación de varios platos (pedimos que la mayoría sean vegetarianos) acompañados de una rica cerveza de Centroamérica.

Así terminaba mi estadía en la capital de Colorado, una ciudad que me encantó por el clima, por las montañas, por la historia, por el valor que se le da a los pueblos nativos, por la cerveza artesanal, por la comida de todo el mundo y por la conservación de su patrimonio.

¿Más reseñas sobre ser vegetariano en Estados Unidos? Te dejo algunas: Las Vegas; Nueva York y San Francisco.

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