Ser vegetariano en… Florida – parte IV – Tampa: bowls, pho y gastronomía latina

La cuarta zona que visité en la Florida (además de Miami, Delray y Orlando) fue la ciudad de Tampa, a la cual llegamos tras conducir cuatro horas, atravesar los parques Everglades y algunos puentes interminables.

El arribo fue directamente al downtown (centro) de la ciudad, donde están los edificios de los bancos y oficinas y durante el día el ir y venir de personas en trajes hablando por sus celulares es similar al de cualquier gran metrópoli del mundo. Pero no me detuve mucho tiempo allí ya que quería aprovechar al máximo mis tres días en Tampa.

Así que lo primero que hice fue dirigirme al centro de información turística de la ciudad, ubicado entre medio de grandes edificios de Poe Plaza (entre las calles Jackson y Withing). Allí me dieron un mapa y me informaron donde debía ir para tomar el tren histórico hacia Ybor city, mi primer destino.

Siguiendo por Poe Plaza, a solo una cuadra de la oficina turística estaba la estación Nª 11, de salida y de llegada de este medio de transporte tan pintoresco. El tren de madera y solo un vagón sale cada 15 o 20 minutos según el día de la semana y es gratuito. Tarda unos 15 minutos hasta el destino, atravesando otros puntos interesantes (que visitaría dos días más tarde).

Ybor City fue fundado por los españoles y luego atrajo a los cubanos, por eso aquí la ‘mezcla’ entre ambas culturas es palpable a cada paso. El tren te deja en la calle 8, justo en la entrada del centro Ybor, con su famosa cervecería y varios lugares más para comer. Pero todavía no tenía hambre, así que crucé la calle y me dirigí al centro de visitantes, donde pude ver un video con la historia del lugar. Como era lunes el museo estaba cerrado, pero al menos ahí tienen algunos objetos exhibidos que nos relatan un poco sobre Ybor en sus inicios.

Caminé una calle hasta 7th street, que sería ‘la del centro’ del barrio, donde a unas cuatro cuadras está el arco de entrada con el nombre Ybor (que se ilumina de noche). A solo dos cuadras de allí entré en un restaurante decorado con ladrillos -y con temática Halloween por ser fines de octubre- donde comí un sandwich vegetariano con arroz y frijoles negros al mejor estilo cubano.

El pintoresco restaurante donde almorcé durante mi paseo por Ybor City.

Seguí caminando por la calle 7, entre tiendas de habanos y restaurantes donde se podía escuchar bachata y salsa, hasta la intersección con la calle 21st N donde se localiza el más famoso establecimiento del barrio: Columbia Restaurant. Fue fundado en 1905 y la fachada es muy del estilo sur de España (quizás por eso me quedé fascinada con él). En el interior, una barra mitad madera mitad mármol, paredes de madera y vasijas de cerámica me hicieron viajar en el tiempo. Disfruté de un helado de coco servido en la misma fruta y tras ello, decidí ir al hotel para una siesta reparadora ya que además hacia bastante calor…

El alojamiento se encontraba a unos 15 minutos de allí, frente al parque Busch Gardens, una zona no del todo linda, pero con varias opciones para comer y cadenas de hoteles recientemente construidos. Para la cena, decidimos ir a unas calles de allí a un tranquilo restaurante de comida italiana, donde pedí unos ravioles de portobello con salsa mediterránea.

El segundo día de mi estancia en Tampa lo destiné a una de sus principales atracciones, sobre todo si el viaje es con niños (no era mi caso): Busch Gardens. Para que se den una idea, es una especie de Animal Kingdom de Orlando pero no tan conocido y más pequeño, pero la ‘esencia’ de reserva con animales y atracciones es la misma. Fue muy fácil llegar desde el hotel porque estaba a escasos 400 metros de la entrada. Todo el parque está ambientado como si estuviésemos en África… el primero de los ‘escenarios’ era nada menos que Marruecos y recordé mis días paseando por Marrakech; incluso en el centro tienen un palacio con decoración muy parecida a la que vi en tierras magrebíes. Otra de las recreaciones es Egipto, aunque sin pirámides, sin desierto y sin camellos (solo algunos de juguete en las tiendas).

Luego de recorrer el parque en tren y pasar por la zona de Serengueti ya era el mediodía, por eso decidí buscar algo para almorzar. El camino me llevó primero a Nairobi y luego a Pantopia, donde entré en un patio de comidas llamado Dragon’s fire. Allí pedí una ensalada de arroz, verduras y guacamole servida en un cuenco de galleta comestible. Lo mejor de todo es que el lugar era cerrado y con aire acondicionado y pude descansar un poco del sol abrasador de uno de los octubres más calurosos en la historia de Tampa.

El lugar que elegi para una merienda refrescante en Busch Gardens.

Seguí mi recorrido por Congo, Jungala y hasta por Plaza Sésamo (todo decorado por Halloween) mientras esperaba que fuesen las 3 de la tarde y comenzase un show en el palacio marroquí. Para hacer tiempo entré a una tienda estilo turco (a cuál otra sino) donde disfruté de un fresco café frío.

El espectáculo era de patinaje sobre hielo y me encantó, pero para ese momento solo quería regresar al hotel y descansar después de tanto caminar. Para la hora de la cena fuimos al Downtown, muy cerca del centro de información turística, donde entramos en un restaurante de comida vietnamita: rolls vegetarianos de entrada y pho (sopa) de fideos chinos con muchas verduras fue mi elección. Para beber, un té frío bastante dulce, pero delicioso.

El último día en Tampa también me llevó al centro de la ciudad, más precisamente al Henry B Plant Museum, ubicado en el antiguo Tampa Bay Hotel (fundado en 1891) donde desde 1931 funciona la Universidad de Tampa. El edificio llama la atención y se puede ver desde lo lejos debido a su magnitud, su revestimiento de ladrillo y también a sus torres con minaretes y media luna que más parecen una mezquita que lo que fue una obra de arquitectura impresionante para la época.

El museo en sí es solo una fracción muy pequeña del edificio, pero cuenta muy bien la historia a través de un audioguía (solo en inglés). Además, también se puede visitar la planta baja de la universidad, el lobby, la antigua sala de música, el ascensor original y dos salones más que fueron reformados pero en su momento recibieron a los adinerados huéspedes. Todo el predio es bonito, repleto de árboles y plantas… por ello me cuesta bastante despedirme del lugar y seguir mi camino, pero para ese momento ya era el mediodía y mi estómago pedía a gritos algo que comer.

Una recreación de cómo se servían las mesas en el Tampa Bay Hotel.

Crucé el puente ubicado en la calle Kennedy y dos cuadras después estaba en la misma calle de la noche anterior buscando un restaurante para el almuerzo. Lo encontré a solo una manzana de distancia; en este caso fue un establecimiento orgánico que servía ensaladas, bowls y mucha verdura. Estaba bastante repleto por ser horario de comida en las oficinas, pero eso no me impidió encontrar una mesa libre y disfrutar de mi menú saludable.

Al terminar, caminé por la calle Twiggs hasta la vera del río Hillsborough y atravesé el Riverwalk, un bonito paseo ideal para andar en bicicleta o hacer running. Mi intención era recorrerlo en gran parte hasta llegar al museo de historia, pero quedaba algo alejado para los 40ª de temperatura que hacían. Así que, plan B, giré a la izquierda en la calle Whiting hasta la estación del tren histórico. Esta vez solo lo usé por dos estaciones, ya que descendí en la número 9 (frente al Amelie Arena).

Tras caminar unos 100 metros por un bonito parque paralelo al Canal Garrison, arribé al Tampa Bay History Center, un museo que relata la historia de la bahía a través de los diferentes medios de transporte (desde los galeones de los piratas hasta el ferrocarril). Allí también hay una sucursal del Columbia Restaurant, para almorzar o merendar.

Por último, para terminar la estadía en Tampa, me dirigí hasta la zona de St. Petersburg (luego de atravesar un puente de varias millas que cruza la bahía de Tampa) para una cena con unos amigos. El menú fue una combinación deliciosa de platillos turcos e hindúes. ¡Perfecto para cerrar tres días de decenas de sabores y nacionalidades!

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