Ser vegetariano en… Nashville – la ciudad de la música (y de las steak house)

Ya desde el comienzo de este viaje supe que sería todo un desafío encontrar comida vegetariana en Nashville, Tennessee, porque esta ciudad conocida como ´la capital de la música´, también se caracteriza por sus casas de ´filetes´ (steak house) y su impronta cowboy a más no poder.

Pero eso no me quitó las ganas de conocerla, más teniendo en cuenta que estaría cuatro días en un gran evento de marketing con el broche de oro de ver en vivo a Tony Robbins, uno de mis ídolos. Mejor no me adelanto…

Llegamos a Nashville tras una escala en Dallas bien temprano de un domingo de enero, pleno invierno y con una temperatura que no llegaba a los 5°C. El aeropuerto bastante más pequeño que otros y como teníamos que esperar para hacer el check-in en el hotel decidimos desayunar allí. Encontramos una especie de cafetería con un escueto menú y obviamente cero opciones veggies. Pedí a la moza que me prepare un sandwich sacándole todo lo que era carne (tocino, pollo, jamón, etc). ¡Así fue mi bienvenida a la ciudad de la música!

Por suerte pudimos entrar antes al hotel y descansar después de tantas horas de vuelo. El alojamiento elegido estaba en la zona de Opryland, a unos 20 minutos del centro de la ciudad, pero muy cerca del Hotel Gaylord, donde se iba a desarrollar el evento.

Tras una larga siesta reparadora decidimos salir a cenar a la usanza yankie, es decir a las 5 de la tarde. A poca distancia del hotel había un gran mall con patio de comidas y un Rainforest Café (me había quedado con las ganas de visitarlo en Animal Kingdon dos años atrás). La decoración me encantó, era como estar en medio de la selva, con muñecos que se movían y emulaban los sonidos de la naturaleza. Pedimos una entrada combinada (tenía bastones de muzzarella y un dip de espinaca y alcaucil muy buenos) y luego de primer plato una gran ensalada con queso azul, que no pude terminar y que me llevé para más tarde (cuando me entrara el hambre de la verdadera cena, horario argentino). Aprovechamos para recorrer un poco por el shopping y regresar temprano al hotel para descansar.

El lunes amaneció frío pero algo soleado, así que luego de desayunar (para mi felicidad en el hotel había leche de almendras para acompañar el café, así como también muchas frutas, yogur y opciones más ´sanas´ que lo habitual) fuimos a pasear por el downtown.

El uber nos dejó en uno de los laterales del museo de la música country y aunque no era nuestra intención ingresar, sí fuimos a ver la imprenta que se encuentra dentro del edificio. Fundada en 1879, sigue imprimiendo carteles publicitarios -mayormente de conciertos- a mano. Justo una de las empleadas estaba haciendo un cartel y pudimos ver el proceso en vivo. Imprimir una tirada de 100 carteles les puede llevar hasta un mes, según la cantidad de colores que tenga el diseño.

Salimos de allí y caminamos un poco hasta llegar a un negocio muy popular en la ciudad, llamado Goo Goo. Es una tienda de golosinas que ofrece una receta original: una especie de bombón de chocolate con mantequilla de maní y algunas otras cosas más. Tienen también un pequeño museo con máquinas y fotografías antiguas y por supuesto un gift shop. No pude resistirme a comprar una caja de los famosos ´goo goos´ y además de llevarme de souvenir un delantal hermoso, rojo, color que combina con todo lo que tengo en la cocina. ¡Y que quiero usar para mis talleres!

Me encantó la deco de Goo Goo, al estilo de los años 40…. ¡Y en rojo!

A solo media cuadra de ahí está la Avenida Broadway, más conocida como Honky Tonk, con la particularidad de ofrecer shows en vivo las 24 horas. Así es, porque los bares tienen varios pisos y en alguno de ellos siempre hay una banda o un músico ofreciendo su repertorio… ¡Y hasta se puede escuchar desde la calle! Muy pintoresca para ser casi el mediodía, ya volveríamos otro día de noche para verla iluminada.

Andamos un poco más, viendo los edificios modernos y algunos de arquitectura más antigua, entramos en una galería llamada Arcade, con pequeños restaurantes al paso (ideal para los oficinistas de la zona) y una oficina de correos que parecía de los años 20; nos metimos por una callecita peatonal llamada Printers Alley, que en su época fue lugar de los imprenteros y seguimos caminando por la calle Church hasta su desembocadura con el Río Cumberland.

Printers Alley es muy famosa ahora por sus bares.

Allí hay un paseo con una réplica de un fuerte y del otro lado del río, el mega moderno estadio Nissan, casa de los Titans de Nashville (fútbol americano). En la vereda opuesta, un edificio de ladrillo al lado del otro que me hacía acordar a Puerto Madero. Dimos la vuelta manzana y como ya era el mediodía fuimos a comer a un restaurante italiano por calle 2, muy bien decorado, con un estilo señorial, paredes de madera, arañas gigantes que colgaban del techo y hasta un tranvía (como los de San Francisco) que adentro tenía mesas si querías comer allí, no fue nuestro caso.

Pedimos un menú que incluía entrada (yo ensalada), primer plato (unos ravioles) y postre (helado). Bastante abundante y por menos de 20 dólares por persona incluyendo la bebida. Regresamos al hotel para la siesta y un poco de ejercicio en el gimnasio. A la noche fuimos a cenar en los alrededores del hotel, a un restaurante llamado Nashville Palace, histórico de la ciudad, donde cada noche hay bandas en vivo. Mientras cenábamos (una ensalada fue lo único veggie) escuchábamos a un trío de música country romántica.

Ensalada con queso azul (arriba) y ravioles con tuco (abajo) fue mi almuerzo en Downtown.

El martes amaneció frío y decidimos quedarnos durante la mañana en el hotel… tras el desayuno y un poco de lectura, otra sesión de ejercicio. Para almorzar pedimos comida china de delivery (un típico chow fan veggie) y luego salimos a conocer el Partenón. Sí, porque Nashville tiene un Partenón, como el de Grecia, pero que no está destruido y que adentro alberga una enorme estatua de la Diosa Atenea, como era originalmente en las tierras del Olimpo. ¿Cómo llegó ese Partenón a un parque de Nashville? Por motivo de una feria del centenario, similar a la que le dio a París la Torre Eiffel. En sí no tiene mucho más que el edificio y la estatua, pero está bueno para imaginar cómo era en realidad el Partenón en la Antigua Grecia.

Aunque no lo crean, en Nashville hay una réplica (completa) del Partenón de Grecia.

Como hacía bastante frío y eran las 5 de la tarde, nos fuimos a merendar a un Starbucks (todo el viaje pedí leche de almendras en mis café). Luego tomamos un uber y en 10 minutos llegamos al Honky Tonk para verlo de noche. Previamente cruzamos un puente peatonal por encima del Cumberland, que da una imagen muy bonita del Downtonw (incluyendo el edificio conocido como ´Batman´ por sus dos antenas que parecen las orejas del súperheroe). Cenamos en un restaurante-brewery que prepara allí mismo sus cervezas (similar a los que visité en Denver unos meses atrás) y me pedí una hamburguesa veggie con ensalada coleslaw.

Entre el miércoles y el sábado estaba la conferencia, motivo por el cual fui a Nashville en enero. Se trataba de un evento multitudinario con charlas de diferentes ´celebridades´ del marketing y que me sirvió para aprender mucho, hablar con gente de todo el mundo y de ver a escasas filas del escenario a Tony Robbins, a quien admiro.

Como la convención era de todo el día, había momentos libres para comer o para ´estirar un poco las piernas´. Yo aproveché uno de los breaks para ir de compras al mall (el mismo que habíamos ido el domingo de nuestra llegada), para comer mirando un show de aguas danzantes, para tomar un café admirando una cascada artificial o para hacer un paseo en barco… todo eso y más se puede hacer en el Gaylord, un mega hotel con mall, restaurantes y lo que se te ocurra.

El bonito y enorme Gaylord es un hotel y centro de convenciones.

Mis comidas fueron variadas, desde una veggie burger mega picante a unas porciones de pizza, pasando por un sandwich en un picnic improvisado a unos pretzels de Auntie Anne´s. Nada muy sano, pero al menos vegetariano. Una de las noches fuimos a cenar al mall a un restaurante alemán, que tenían una carta especial veggie… ¡Mi cara de felicidad se veía a tres cuadras! Pedí unos dumplings (especie de bolas de papa) y una ensalada. Otra cena elegimos un restaurante italiano donde pedí unas berenjenas a la parmesana que venían con fideos con tuco.

Dumplings (arriba) y ensalada (abajo) fue mi cena en el restaurante alemán.

La anteúltima noche fuimos a cenar con unos conocidos -a quienes visitamos en Tampa en 2018- a un restaurante ´paquete´ del downtown, obviamente especializado en filetes pero que tenía una opción vegetariana: ravioles de calabaza con crema. ¡A por ellos! Como dirían en España. Muy buenos por la salsa con semillas de granada y algunas cosas más. Para el postre, pedimos -para compartir con mi novio- una porción de torta helada que encima tenía una cobertura como la de los Goo goos. ¡Delicia total!

Cena en el restaurante ´paquete´ ravioles de calabaza (arriba) y torta helada (abajo)

Esa fue la estadía de una vegetariana en Nashville, una ciudad que quizás no elegiría para visitar pero que tuve la oportunidad de conocer gracias a un evento. ¡Y que al menos me dio la posibilidad de ver un Partenón hasta que viaje a Grecia, uno de mis máximos pendientes viajeros!

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