Ser vegetariano en… Navarro: entre clases de historia, almuerzo veggie en pulpería y merienda ´moderna´

Dicen que en la escuela se aprende de historia… yo creo que todos esos datos que nos ofrecían las maestras quedan en el olvido apenas uno egresa. Por eso, de vez en cuando viene bien hacer un ´refresh´ mental y re-aprender un poco de lo que ha sucedido a nuestro alrededor y que ha forjado nuestra patria.

Por eso el plan de sábado no podía ser mejor: conocer el pueblo de Navarro, uno de los más antiguos de Buenos Aires, con sus nada más y nada menos que 252 años de vida (se dice que la fecha de fundación es en 1767, aunque antes ya se conocía a la Laguna de Navarro en honor a un conquistador compañero de Juan de Garay que arribó al lugar en una expedición).

Con mi amiga Claudia nos disponemos a disfrutar de un día que por momentos promete lluvia, pero por otros nos regala un febo como el de nuestra bandera… ¡Y a las rutas se ha dicho!

Apenas ingresamos a Navarro nos invadió esa tranquilidad típica de pueblo, la gente en bicicleta que se saluda con los vecinos, el andar pausado, las ´reuniones´ en la vereda… todo eso que tanto extrañamos aquellos que vivimos en la ciudad pero que hemos tenido la suerte de haber pasado unos años en alguna localidad de la provincia (en mi caso fue San Vicente).

Nuestro primer destino es la réplica del Fortín de San Lorenzo. Allí nos recibe Don Tito, gaucho con todas las letras, ataviado con bombachas, botas, boina y hasta rebenque. Con pañuelo en cuello nos indica que esperemos en la sombra así nos cuenta un poco de historia… Nos dice antes que nada que el verdadero fortín se ubicaba a unas siete cuadras de allí, frente a la laguna y que en realidad este lugar que visitamos era una de las antiguas estaciones de trenes de Navarro (en su época de esplendor, el pueblo tenía dos ramales diferentes).

El predio, de toda una manzana, recrea los típicos ranchos donde vivían los enviados a proteger la frontera de la ´indiada´, en muy precarias condiciones: casas de barro y paja, una torre vigía hecha de troncos y muy pocas comodidades, incluso para la época.

Réplica de la Comandancia del Fortín San Lorenzo.

Por supuesto entre los objetos expuestos no podían faltar las alusiones a uno de los personajes más famosos de Navarro: Juan Moreira… el gaucho inmortal:

Su daga quiso ser mansa

ese siempre fue su sino

pero lo quiso el destino

que perdiera la esperanza

cuando la muerte lo alcanzara

quebrantándole la huella

en la pulpería “La Estrella”

por un cobarde y asesino

llamado Andrés Chirino

También en la réplica del Fortín podemos ver carretas antiguas y en donde funcionaba la estación del tren (el cual iba hasta Lobos con varios servicios diarios y cerró en los años 70) la representación de una típica pulpería.

Carreta usada para transportar todo tipo de objetos, con ruedas de unos 3 metros de alto.

Don Tito posa para las fotos en el almacén de ramos generales “de mentira” y antes de irnos nos cuenta la historia de la ´crotera´ un pequeño edificio en la entrada del predio. Se trataba del sitio donde los caminantes o ´crotos´ esperaban el tren, separados del resto de los pasajeros. ¿Por qué? Porque ellos no pagaban boleto y tenían que aguardar que hubiese sitio para transportarse. ¡Así fue como aprendimos los orígenes de una palabra que usamos bastante en el país!

Salimos del fortín (la entrada es gratuita, pero se recomienda hacer una donación para su cuidado) y seguimos recorriendo la historia relacionada con los trenes: el museo ferroviario, localizado en la cale 34 y esquina 13 (la entrada cuesta $50), donde funcionaba el otro servicio de Navarro, aquel que llegaba hasta Capital. Nos recibe Don Alberto “Beto” Martino, quien toda su vida trabajó para el ferrocarril argentino (fue el último jefe de esta estación de Navarro) y nos muestra, sala por sala y con una pasión como pocos, los diferentes tesoros que alberga su museo.

El antiguo teléfono usado en la estación de Navarro.

Para empezar, la estación es digna de destacar, ya que es una de las únicas del país que tiene dos pisos. De arquitectura francesa (la otra de Navarro fue construida por los ingleses), luce un poco desvencijada, pero en sus «mejores épocas» era toda una belleza, según nos relata el dueño de casa y podemos ver en fotografías viejas.

Antigua estación de Navarro, de estilo francés y dos pisos.

Este museo alberga objetos más que interesantes, tales como réplicas de diferentes trenes a escala, cuadros pintados por el propio Martino -que además de ex-ferroviario es pintor y escritor de poemas- y todo lo que se te ocurra relacionado al día a día de los trenes, que supieron surcar una gran parte de nuestro territorio y darle vida a los pueblos: boletos, telégrafos, pinzas, faroles y una de las joyas del lugar: el reloj que fue fabricado en París y que nunca dejó de funcionar desde que fue instalado.

Hace casi una centuria

en la lejana París

fue allá en la casa matriz

donde la forma te dieron

y en un barco te trajeron

a mi querido país.

(…) Una vez que te instalaron

tu fama tocó la cima

la gente a verte se arrima

y no saben de qué forma

das hora a la plataforma

Y también a la oficina.

-Fragmento de “El reloj de la Estación”- Beto Martino

Tanto habíamos aprendido que la mañana se pasó más que rápido… el estómago empezaba a reclamar un poco de atención así que nos dirigimos a un lugar al que una vez que entras, viajas en el tiempo. Nos recibe el dueño del restaurante-museo “La protegida”, Raúl Lambert, otro navarrense de ley como Don Tito y Don Beto.

La entrada de La Protegida, hermoso restaurante-museo

Lo primero que llama nuestra atención es la ´decoración´ del lugar… porque no se trata de una pulpería, tampoco de un restaurante de campo, ni siquiera de un museo. ¡Es las tres cosas juntas! Raúl ha podido combinar su pasión por las antiguedades -que colecciona desde los 15 años- con la historia, la cultura y la identidad de su amado pueblo.

Vemos objetos de todo tipo, tales como cencerros, ollas, rebenques, publicidades viejas, cuchillos, frascos, muebles, relojes, herraduras, fuentes de metal, instrumentos musicales y hasta bicicletas colgando de los techos del patio interno, donde conjugan sillas y mesas de todos los colores y aspectos.

Nos sirven una excelente entrada vegetariana, compuesta por varios tipos de quesos, aceitunas verdes y negras y huevo duro. Con una gran hogaza de pan casero nos disponemos a disfrutar mientras descubrimos lo que hay colgando de las paredes y del mostrador original, con sus barrotes de hierro característicos (que en el pasado servían para proteger al pulpero de los cuchillazos de los gauchos pasados de copas).

Luego seguimos con las empanadas, de choclo y de verdura y queso, muy ricas y livianas (y eso que eran fritas). Cuando pensábamos que el almuerzo había terminado, llega otro plato: choclo, papa y calabaza con queso. Vale la pena destacar que la materia prima de los platos proviene de la zona, Raúl le compra a sus vecinos y conocidos, para que todo quede en ´casa´.

Nuestro almuerzo en La Protegida. Picada veggie y empanadas de choclo y verduras (arriba) y verduras asadas con queso (abajo).

Una vez que terminamos de comer, se nos acerca Raúl y nos empieza a contar la historia del que hoy es el Almacén-museo “la protegida”. El primer propietario fue un sirio-libanés llamado Mustafá (o “el turco” como lo conocían todos) quien manejaba el almacén de ramos generales a la vieja usanza. Luego estuvo cerrado durante mucho tiempo e incluso se alquiló como veterinaria.

Hasta que en el 2007 Raúl renunció a su trabajo de décadas para mostrar a quien lo visitase todo lo que había coleccionado durante años. Según las propias palabras del dueño, el fuerte de “La Protegida” no es la gastronomía -el menú solo cambia según si es invierno o verano y los platos son muy básicos, como los de una pulpería de antes- sino el ambiente que se vive al ingresar en el establecimiento, donde además se pueden disfrutar de shows de folklore los fines de semana por la noche.

Datos de La Protegida: Está ubicado en la intersección de las calles 19 y 30, muy fácil de reconocer por sus paredes rosas. Abre los viernes, sábados y domingos de noche y los sábados y domingos al mediodía. El costo promedio para comer por persona es de $300. Para asistir a los shows se debe reservar, así como también avisar si se desea algún menú especial (por ejemplo vegetariano).

Salimos de La Protegida a eso de las 3 de la tarde… y si antes nos parecía que el pueblo dormía, ¡ahora lo confirmamos! La hora de la religiosa siesta se hizo notar incluso en la plaza del centro, donde eramos las únicas -junto con algunos perros- que dábamos la vuelta manzana.

Frente a la plaza, como no podía ser de otra manera, se encuentra la Iglesia. Dedicada a San Lorenzo Mártir, fue fundada en 1870 (una coetánea de la Catedral de San Isidro), aunque allí antiguamente ya funcionaba un oratorio y una capilla. Pintada de blanco y con dos torres campanario y techos azules, el templo se encuentra en el medio de la cuadra. Mirándolo de frente, hacia la derecha está el edificio del Banco Nación y a la izquierda, el de la Municipalidad, ambos de colores marrón claro, como para que la Iglesia resalte todavía más.

La Iglesia de San Lorenzo Mártir data de 1870

Ya que don Tito nos había dicho que el verdadero fortín se ubicaba detrás de la Iglesia, ´exploramos´ un poco la zona para llegar, justamente, al monolito que recuerda la localización del sitio usado para defender la frontera de los nativos. Nada queda de esas precarias construcciones, en su lugar vemos un jardín de infantes y varios edificios y casas alrededor.

Desandamos el camino y nos dirigimos por la calle 7 hasta la esquina de la calle 26 para disfrutar de una merienda helada en “Cuando Quieras” , un establecimiento moderno, con un bonito parque al mejor estilo zen y una carta que nada tiene que ver con la vida de pueblo que nos imaginamos cuando pensamos en Navarro, ya que es muy actual.

El jardín de Cuando Quieras, muy moderno y bien decorado.

Los clientes entran y salen, los niños piden helados, los adultos se sientan a tomar un café… todos se conocen, todos se saludan, se preguntan por sus familias, se hacen bromas. Si creíamos que una heladería moderna iba a quitar esos hábitos de pueblo, nos equivocábamos (para bien, por supuesto).

Pedimos la estrella de la casa, el milkshake de frutilla, servido en una gran copa de vidrio y con mucha salsa… delicioso. También pedimos un helado de cucurucho de dulce de leche granizado y vainilla, que de tan grande parecía imposible de terminar. Pero como tanto mi amiga como yo somos fanáticas de las cosas dulces, en pocos minutos ni rastros había de ambas delicias. No hay dudas de que el helado es bien artesanal, invita a disfrutarlo en cualquier época del año.

El milkshake de Cuando Quieras, con salsa de frutilla en grandes cantidades. ¡Muy bueno!

Ya para ese entonces, el cielo se había puesto más oscuro que antes y nos quedaba un lugar más que queríamos conocer. Así que dejamos Cuando Quieras, nos subimos al auto y salimos a la ruta 40, pasamos por la esquina con la calle 101, donde está la dirección de turismo y la entrada al camping municipal. Bordeamos la laguna (que se divisaba entre los árboles), cruzamos un puente y unos kilómetros más adelante nos encontramos con la ruta 41. Allí giramos a la derecha y cuatro kilómetros después llegamos al Parque Dorrego, lugar de fusilamiento del que fuese gobernador de Buenos Aires en dos oportunidades (1820 y 1827-1828). Hay que prestar bastante atención para encontrar la entrada, con una tranquera y un pequeño cartel, ya que en la ruta no hay ninguna señalización.

El camino entre árboles y con una simple huella nos hizo pensar que los días de lluvia sería imposible ingresar… ¡Y justo se avecinaba una tormenta! Así fue como nos apuramos un poco para llegar al museo y sitio donde Dorrego perdió la vida tras ser traicionado por Juan Lavalle (que lo sucedió en el cargo provincial).

Monumento a Dorrego, en el lugar donde fue fusilado en 1828.

Salimos otra vez por el camino de tierra, con las primeras gotas golpeando en el techo del auto -y una tropa de mosquitos que nos invadió cuando abrimos las puertas- y tomamos la ruta 41 para regresar por la segunda vía de acceso al pueblo. Veíamos la tormenta que nos ´pisaba los talones´ y por momentos la lluvia nos acompañó en el camino, pero eso no nos importó, porque habíamos pasado un día hermoso y aprendido muchísimo sobre la historia, no solo de Navarro, sino también de Buenos Aires.

Nos alejamos del pueblo con la sensación de que es la gente la que hace la historia y que Tito, Beto y Raúl son un claro ejemplo del amor que se puede sentir por el lugar que los vio nacer. A través de sus palabras, nos dimos cuenta de que pocos sentimientos son tan genuinos como el que experimenta una persona por su tierra…

Cómo llegar a Navarro: Desde Capital son 120 km. Se puede acceder mediante varias rutas, entre ellas la 47 (desde zona oeste), la 40 y la 41 (desde zona sur).

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2 comentarios

  1. Hola! quería contarte que después de chusmear tus posts en «Las 10 mejores escapadas en Buenos Aires» decidimos ir con mi pareja a Navarro unos días. Nos gustó mucho el pueblo (por lo que leí es ciudad, pero yo lo sentí pueblo -esto con cariño-), lamentablemente no pudimos visitar La Protegida porque cerró por la pandemia y hasta ahora no lo han vuelto a abrir. Encontramos que en un restaurant cerca de la plaza central ofrecen hamburguesas como menú vegetariano/vegano :). Se llama Valhalla y tenía 3 opciones distintas: garbanzos, quínoa y lentejas.
    Está muy linda tu web, gracias por compartir tanta info! Saludos!

    • Hola Melisa!! Qué bueno que hayan ido a Navarro! Es uno de mis «pueblos» favoritos! Sí, lamentablemente La Protegida no reabrió (esperemos que lo haga pronto). Gracias por el dato del restaurante! Tendré que ir a probar su menú veggie! Saludos!

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