Ser vegetariano en… París: Creme Brulé, Crepes y ¡comidas abundantes!

Solo fuimos un fin de semana a París y si bien caminamos y paseamos mucho, nos quedaron mil cosas por conocer. Aunque la comida sea más costosa que, por ejemplo en Madrid, lo cierto es que los platillos son bastante abundantes y no te quedas con apetito.

Nuestra experiencia en tierras parisinas no había empezado muy bien ya que perdimos mucho tiempo para llegar al hotel. Contraté un Shuttle que nos paseó por toda la ciudad y tardó más de 3 horas en dejarnos en nuestro alojamiento. Para ese entonces eran las 4 de la tarde, teníamos mucho hambre y pocas ganas de salir a pasear.

El hotel estaba en una zona bonita, con varios restaurantes en los alrededores y una estación de metro en la puerta (imprescindible si vas pocos días y si además ya tienes la primera jornada perdida como nos sucedió). Tras dejar las maletas, cruzamos a un local y desayu-merendamos unos bocadillos enormes con patatas fritas (con bebidas gastamos 30 euros) y luego paseamos por la zona de La Bastilla. La Rue de la Roquette era una calle muy transitada y a medida que se iba haciendo de noche más se llenaba de jóvenes, ya que había varios bares y pubs.

Para la cena decidimos comer frente al Monumento a la Toma de la Bastilla. Pedimos una pizza para compartir (aún estábamos satisfechos de la comida anterior) y de postre un Creme Brulé, una crema típica que se sirve caliente y es muy pero muy rica. Nota: si les gusta la limonada, la que venden en París es adictiva. ¡Yo la pedí en todos los restaurantes ese fin de semana! (creo que en seguida me vuelvo fanática de una comida o bebida cuando me gusta mucho, ya me sucedió en Turquía con la sopa de lentejas por ejemplo).

Fuente: Flickr (no me pude resistir a probar el postre antes de la foto)

Al otro día -sábado- nos pusimos ropa cómoda y aprovechamos que aunque no podíamos creerlo, estaba soleado en París para ser mediados de Mayo. Desayunamos en una típica cafetería parisina, un café con leche con croissants, tomamos el metro y fuimos a la Torre Eiffel (ya empezábamos con el plato fuerte). Tras subir al ícono de la ciudad, caminamos por Champs de Mars y tras algunas vueltas llegamos al Edificio de Les Inválides, conocido por su cúpula dorada.

Al salir, y antes de cruzar el Puente Alejandro III giramos a la izquierda y llegamos a una zona poco concurrida con varios restaurantes. Allí, en Rue de Grenelle y Boulevard de la Tour Maurborg entramos a un establecimiento donde la camarera nos recibió con un ‘bonjour’ y una sonrisa de oreja a oreja. Pedimos un omelette y una ensalada césar para compartir y quedamos más que satisfechos.

Fuente: Flickr (me olvidé de tomarle foto a la comida)

Pero en lugar de volver al hotel para dormir la siesta, seguimos paseando por París: Grande y Petit Palace, Museo del Louvre (no entramos), Notre Damme, Concergerie, Sainte Chapelle… Nuestros pies ya latían de tan cansados que estaban. Regresamos al hotel en el metro y tras una siesta reparadora, fuimos a cenar a un restaurante cercano. Además de la ya famosa limonada, ordené una tortilla de champiñones, para chuparse los dedos.

Al otro día amaneció lloviendo -vaya novedad- pero eso no nos quitó las ganas de seguir conociendo. El plan para la jornada era ir a Montmartre y alrededores y luego el Arco del Triunfo. Tras desayunar en el hotel y hacer las combinaciones de metro correspondientes, llegamos a Sacre Coeur con una lluvia cada vez más fuerte (y nosotros sin paraguas).

Mientras paseábamos por el barrio de los artistas, comimos un rico crepe de fromage -queso-, pasamos por los molinos famosos, entre ellos el Moulin Rouge, y compramos macarons para llevar de regalo a nuestras familias.

Nuevamente metro, hasta el Arco del Triunfo y caminata por los Champs Elysees. Como nuestro vuelo hacia Madrid salía a las 19, decidimos almorzar en los alrededores del hotel. Elegimos un restaurante de la Rue de la Roquette donde ordené una riquísima hamburguesa vegetariana de remolacha y quinoa, acompañada con patatas fritas, y claro está, limonada. Ya terminaba así nuestra escapada a París, ciudad a la que por supuesto regresaremos en algún momento… ¡quedaron tantas cosas por conocer (y tanta comida por probar)!

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