Ser vegetariano en… Puerto Madero – entre embarcaciones, almuerzos orgánicos y vistas al río

¿Qué mejor plan para un martes de febrero, que promete estar algo ´fresco´ que dar un paseo por uno de los barrios más turísticos de Buenos Aires? Fui muchas veces a Puerto Madero, pero en esta ocasión lo recorrí como si fuese extranjera (una más entre tantos turistas) y me dediqué a disfrutar del entorno.

La primera parada de mi paseo fue la Fragata Sarmiento, uno de los íconos de la zona. Ya la había visitado hace tiempo, pero esta vez fui bien temprano para ´tenerla para mi sola´. Seguí la recomendación del encargado en la entrada y primero me dirigí a las cubiertas inferiores, donde se exhiben diferentes objetos históricos y podemos encontrar recreaciones de típicos camarotes de una embarcación que tuvo su primera expedición en 1897 y que realizó nada más y nada menos que… ¡37 viajes alrededor del mundo!

Oda a la Fragata Sarmiento

Fuiste la nota blanca y peregrina

y la heroína amante de la dura

fuerza del mar, del viento y de la pura

misión de embajadora de Argentina.

Prenda de amor y honor de la Marina,

símbolo de libertad, sin atadura,

has cumplido con cada singladura

un designio que al culto te destina

-Arístides Chiesa Maañón-

Representación del comedor ´diario´ de los altos cargos de la Fragata.

Luego subo a la cubierta de proa, para observar el paisaje que me regala Puerto Madero, mientras intento dominar mi cabellera que se mueve feliz por el viento. A esa hora de la mañana (serían las 10.30) todavía no hay demasiado movimiento y se puede disfrutar de un poco de tranquilidad y silencio.

Información sobre el buque museo Fragata Sarmiento: abre todos los días desde las 10 de la mañana y tiene un bono contribución de $20.

Bajo de la Fragata y sigo caminando por el paseo peatonal entre el agua y los edificios de ladrillos a la vista, donde ahora funcionan restaurantes, bancos y oficinas, pero que en su momento se usaron para guardar las mercancías que llegaban de los barcos, procedentes mayormente de ´las Europas´. Cruzo la calle Macacha Guemes y a pocos metros me encuentro con otro de los lugares que deseaba visitar en ´modo turista´: la Corbeta Uruguay.

Más pequeña que la anterior, pero también más antigua (fue flotada en 1874) tiene la particularidad de haber protagonizado varias expediciones y rescates en la Antártida. Tal vez sea porque uno de mis sueños es conocer el ´continente blanco´ es que siento cierta conexión hacia esta embarcación.

La Corbeta Uruguay, con los edificios modernos de fondo.

Sigo la misma recomendación que en la Fragata de comenzar el recorrido por la parte inferior -y de bajar las escaleras de espaldas- y descubro información muy interesante no solo del funcionamiento de la corbeta, sino también de sus expediciones. Además paso por la pequeña cocina, con sus cacharros de metal y me imagino cómo sería el momento de la cena en una travesía entre grandes bloques de hielo…

Por supuesto, subo a la cubierta y de inmediato me doy cuenta de que estoy en una embarcación con casi un siglo y medio de vida observando edificios modernos vidriados, que son el futuro de Puerto Madero. No sé si en muchos sitios de la ciudad podemos tener esa ´suerte´. Me hizo recordar de inmediato -y salvando las distancias- a lo que viví en Estambul, con las mezquitas del tiempo de Constantinopla y el tranvía súper moderno que pasaba entre medio de ellas y sin pedir permiso a tanta historia…

Información sobre la Corbeta Uruguay: abre de lunes a domingos de 10 a 19 hs y la entrada cuesta $20. Hay visitas guiadas, se deben reservarse por teléfono.

Pero volviendo a mi paseo de martes, ya para ese entonces era casi el mediodía y mi estómago reclamaba alimentos… caminé unos pocos metros y llegué a una cafetería-restaurante bien decorada con estilo marino (o de río) y me pedí una rica hamburguesa de quinoa roja, acompañada de papas al horno y ensalada de rúcula, para beber una infaltable limonada.

Almuerzo vegetariano (y orgánico) en Puerto Madero.

Me quedo un rato allí al terminar de almorzar porque el ambiente es bastante relajado y tranquilo. El establecimiento también tiene una terraza con vistas al río, pero estaba cerrada ese día.

Continuo mi paseo. La idea es caminar por la vera opuesta a la que venía hasta ahora, así que camino hasta la calle Cecilia Grierson y cruzo un puente, no sin antes detenerme a observar los diques y el río.

Camino lentamente y en total discordancia con los oficinistas que a esa hora salen a almorzar por la calle Pierina Dealessi, paso por la ´puerta´ del Yatch Club con todos los veleros atracados uno al lado del otro y tras pasar por las famosas grúas coloridas, otro símbolo de Puerto Madero, doblo a la izquierda en la calle Macacha Guemes, para el lado de la Costanera.

Muy lindo es pasear por ese boulevard arbolado que te lleva hasta la Avenida de los Inmigrantes, la cual atravieso para caminar por la Avenida Giralt, más conocida como ´la costanera´ donde están los famosos ´carritos´ que no tienen opciones vegetarianas más allá de una provoleta hecha en la misma parrilla donde cocinan todo lo demás. Igualmente podemos ir allí, llevarnos nuestra propia comida y sentarnos mientras miramos un poco de ´verde´.

Vistas de la Costanera Sur, vacía un martes por la tarde.

Como empezaba a hacer algo de calor y bastante sol, prefiero refugiarme en el parque que hay entre medio de ambas avenidas, con varios árboles y personas haciendo ejercicio. Algunas cuadras más adelante se encuentra la dirección General de Museos, con un edificio que llama mi atención.

Lamentablemente los martes no está abierto al público (el único día de la semana que cierra es justo cuando yo quiero ir), pero el encargado de seguridad muy amablemente me dice que fue construido en los años 20 y que allí funcionaba la Cervecería Munich.

Este establecimiento en plena belle epoque era lugar de encuentro de muchos personajes destacados. Y algo que me interesó de la breve reseña que recibí ´del otro lado de la reja´ es que en ese momento desde la terraza se podía ver el río. No existían la costanera, la reserva ecológica, las avenidas ni los ´carritos´. Por supuesto que me quedé con las ganas de conocer el interior del edificio, así que me prometí volver en alguna oportunidad (no muy lejana).

La ex cervecería Munich, hoy Museo del Humor y Dirección General de Museos.

Sigo caminando por la Avenida de los Italianos, atravieso algunos edificios-torre modernos y conozco los Paseos de la Fama y de la Gloria, donde se exhiben esculturas de varios de nuestros ídolos deportivos de todos los tiempos. Debo aclarar que no están en buenas condiciones y que en algunos casos (como el de Lionel Messi) ni siquiera está la estatua. Sí podemos ver la de Manu Ginóbili, Gabriela Sabatini, Juan Manuel Fangio, José Meolans, entre otros.

Mientras voy descubriendo a estos atletas -y sacando a relucir mi título de periodista deportivo- llego a la entrada de la Reserva ecológica Costanera Sur. No tengo intención de recorrerla, ya que había caminado bastante ese día (y todavía tenía que regresar), pero al menos hago algunos metros hasta la parte de información al turista.

Datos de la Reserva ecológica Costanera Sur: Tiene 350 hectáreas de extensión y está compuesta por lagunas, matorrales, pastizales, bañados y humedales. Alberga más de 250 especies de aves y 50 de mariposas, entre otros animales. Cuenta con diferentes senderos, de mayor o menor dificultad, que se pueden hacer caminando o en bicicleta. Abre todos los días.

Me detengo frente a la Fuente de las Nereidas unos instantes y camino entre parques en uno de los laterales de la calle Rosario Vera Peñaloza. A pocos metros ya hay nuevamente ´civilización´ aunque no tanto tránsito a esas horas de la tarde.

Vuelvo a caminar por Pierina Dealessi como antes, pero esta vez con el río dársena sur a mi izquierda. A la derecha, varios restaurantes que para ese momento del día no están demasiado ocupados. Justo frente al edificio de la Universidad Católica (UCA) me siento en una cafetería bajo la sombra de unos árboles y disfruto del paisaje (me recordó a la merienda en el paseo Victoria de Tigre de unas semanas atrás).

Cafecito reparador a la sombra y con vistas al río.

Repongo las energías después de tanta caminata y me dispongo a terminar mi paseo… cruzando nada menos que el Puente de la Mujer, símbolo de Puerto Madero y que representa a una pareja bailando tango (hay que tener mucha imaginación para verlo).

Termino mi recorrido por Puerto Madero en el Puente de la Mujer.

Salgo de ese microclima que podemos encontrar entre los diques y los edificios rojizos una vez que cruzo la Avenida Madero, con sus camiones y micros que se dirigen hacia Retiro. Esa es la señal de que mi día como turista finaliza y que tengo que volver a mi ´vida normal´ en la Ciudad.

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