Ser vegetariano en… San Antonio de Areco – finde de campo, patrimonios y chocolates

Cuando estaba en la secundaria (hace ya varios años) me prometí conocer los principales pueblos de Buenos Aires. Y uno de los que encabezaba mi lista era San Antonio de Areco. Tuvieron que pasar varios años (y varios pueblos) para que pudiera poner el tilde al lado del nombre y pasarlo a la hermosa lista de ´visitados´.

Y además, ya que era mi regalo de cumpleaños, en lugar de pasar el día como hago con las demás localidades bonaerenses, decidí disfrutar de todo un fin de semana y en la compañía de mi novio.

Así que este relato hablará de dos días en los que hubo bastante lluvia, pero que incluyó alojamiento en una estancia de campo, visitas guiadas por el casco histórico y por supuesto un recorrido por el museo gauchesco. ¡Y no pudo faltar la gastronomía vegetariana! Incluso en un pueblo con tradición por la carne, podemos encontrar opciones veggies.

Salimos el sábado a media mañana, con una Avenida General Paz algo ´concurrida’ y las nubes que presagiaban lluvia. Arribamos a Areco al mediodía, justo para la hora del check-in en la estancia de campo donde nos alojaríamos ese fin de semana.

La estancia de campo donde pasamos el fin de semana en Areco.

Almorzamos unos sandwiches en el quincho de la casa mientras disfrutábamos de la tranquilidad de la hora de la siesta. Para el ´postre´ un poco de lectura buscando el escaso sol que se escondía entre las nubes y acompañada por los perros de la estancia, nuestros amigos por dos días.

Tras el descanso decidimos ir al centro del pueblo, por supuesto, donde está la plaza principal. Como ese fin de semana era el día de los monumentos en todo el país, había actividades especiales. Además, en la Iglesia se congregaban muchos lugareños ya que se estaban celebrando comuniones. ¡Todo el pueblo parecía estar allí!

La visita guiada por el casco histórico comenzó en la Municipalidad, ubicada en una de las esquinas frente a la plaza Ruiz de Arrellano. La casona con un patio típico colonial, pero con reminiscencias ´italianizantes´ cuenta con no uno, sino con dos aljibes, uno en el interior y otro en el exterior de la vivienda. También estuvimos en los patios traseros luego de atravesar unas rejas gruesas antiquísimas.

El patio interno de la Municipalidad, antigua casona colonial.

San Antonio de Areco no tiene una fecha oficial de fundación, pero se toma el año de 1730 porque fue entonces cuando la antigua capilla (hoy Parroquia) realizó un censo con los pobladores de la zona y se comenzó a registrar a los bautizados.

Seguimos caminando con nuestro guía -un arequero con todas las letras enfundado con boina y botas de gaucho- pasamos por una de las pocas casas sin ochava que quedan en la ciudad (hoy estudio contable), por la biblioteca, el solar natal de Vieytes, la escuela N°1 -ex intendencia- y la puerta de la Parroquia San Antonio de Padua (no ingresamos porque todavía estaba repleta)

Parroquia San Antonio de Padua.

Cruzamos a la plaza mientras escuchábamos varios datos interesantes de la historia de su querido pueblo. Al terminar el recorrido nos hicimos un tiempo para pasar por “La olla de cobre” la chocolatería por excelencia en San Antonio de Areco. Luego de la degustación correspondiente decidimos comprar diferentes chocolates para disfrutar en casa (se venden por peso, aunque también hay alfajores en cajas).

Momento de la segunda visita guiada del día, esta vez la premisa era recorrer los diferentes bares históricos del pueblo. Ya estaba oscureciendo y Areco se iba iluminando, dándole una impronta totalmente diferente y más que hermosa.

La guía -una maestra local- nos contó un poco sobre la inundación que sufrió Areco hace algunos años mientras caminábamos hacia el primer bar del circuito. Lamentablemente ´Los principios´ ha cerrado sus puertas luego de más de 100 años de tradición arequera. Su dueño, de 88 años, decidió pasarle un candado a la entrada debido a problemas de salud, pero según nos cuentan, trabajó sin descanso hasta el último día en que este almacén de ramos generales y bar estuvo abierto.

Los siguientes bares se localizan frente a la plaza, así que desandamos el camino para llegar a “El Mitre”, ya poblado de locales y turistas. Con pisos, mesas y sillas de madera, una barra antigua y damajuanas y botellas en estantes, me hizo acordar a uno de los tantos bares que he conocido en los últimos meses por los pueblos de Buenos Aires (como por ejemplo La protegida de Navarro).

Bar el Mitre, uno de los históricos de Areco.

Tras pasar una vez más por enfrente de la Parroquia y de la escuela, otro bar: el Tokio, sitio elegido por moteros que llegan a Areco todos los fines de semana. Aunque el aspecto es similar al anterior, tiene ciertos detalles únicos, como cuadros de fotos en las paredes.

Cruzamos la calle y nos encontramos con el tercer bar en menos de 100 metros de distancia. Todos lo conocen como ´la esquina de Merti´ pero hace poco tiempo cambió de nombre a Balthazar. Al parecer es uno de los más concurridos porque estaba bastante lleno para ser las 8 de la noche.

La visita seguiría un poco más pero nosotros decidimos regresar al hotel para cambiarnos e ir a cenar a un restaurante que nos había recomendado la encargada de la estancia y en el que teníamos reserva a las 9.

Si creen que íbamos a ir a un restaurante de campo por estar en un pueblo gauchesco, lamento desilusionarlos. Entramos a uno de los establecimientos más modernos de Areco, con platos gourmet y una excelente decoración. La carta, lejos de tener empanadas y asado, estaba compuesta por varios platos aptos para vegetarianos. De entrada, pedimos unos bastones de muzzarella y de plato principal en mi caso una cazuela veggie con arroz y muchas verduras.

Cazuela de verduras en plato de barro, mi cena en Areco.

Al terminar de cenar dimos una nueva vuelta por la plaza y los bares (el restaurante quedaba a solo dos cuadras) y regresamos al hotel para descansar de tanta caminata. A la madrugada nos despertó la lluvia -tormenta por momentos- que nos acompañó incluso cuando era la hora de desayunar en el quincho de la estancia.

Delicioso desayuno de campo.

Tras comer copiosamente un desayuno bien de campo (café con leche, tostadas, medialunas, dulce de leche y demás) dejamos la habitación para seguir con nuestro paseo. Cruzamos el puente nuevo y llegamos a la antigua Pulpería La Blanqueada, donde había visita guiada en conjunto con el museo gauchesco Ricardo Guiraldes. Allí nuestro guía, otro arequero, nos contó la historia de la que fue por mucho tiempo paso obligado de quienes hacían el Camino Real hacia el Potosí y que congregaba a todos los parroquianos para beber unas copas y conocer las noticias de ´Buenos Aires´.

Pulpería La Blanqueada, la única de Areco, popular en el Camino Real.

Cruzamos el patio y nos dirigimos al edificio del museo, creado en los años 30 para tal fin. A diferencia de lo que se cree, en este lugar no vivió el escritor conocido por su libro ´Don Segundo Sombra´.

Además de aprender sobre su vida y sus obras, hay salas dedicadas a la vida en Areco, la platería y la soguería y por supuesto todo lo relacionado a la fiesta de la tradición que se lleva a cabo todos los noviembre y que incluye deportes hípicos, desfiles y asados (me dijeron que hay opciones vegetarianas, así que quizás vaya).

“Fabio descubre el mar,

el gaucho no se arrodillaba ante nadie,

su rumbo era el que el cuerpo mandara

su horizonte la pampa infinita”…

Fragmento de “Don Segundo Sombra” – Ricardo Guiraldes

Antes de que comience otra vez a llover desandamos el camino y nos dirigimos a un restaurante frente al río y al famoso puente viejo, de color rosado, que también nos habían recomendado en el hotel. Me pedí unas pastas caseras y antes de dirigirnos a la ruta y regresar a casa atravesamos una de las insignias de Areco, ese paso que fue nada más y nada menos que el primer ´peaje´ del país y que sirvió para cruzar de un lado al otro del río sin necesidad de embarcaciones.

El puente viejo, una de las típicas postales de Areco.

Por supuesto que quedaron varias cosas por conocer en Areco (como los museos Las Lilas, Draghi o la vieja usina) pero el cielo nos amenazaba con sus nubes oscuras y preferimos regresar a casa para la rigurosa siesta de domingo luego de haber aprendido tanto sobre nuestra provincia y presenciar el amor que solo un lugareño puede sentir por su tierra.

Cómo llegar a San Antonio de Areco: Desde Capital son 117 km. La forma más directa es ir por Ruta 8 hasta el km 113 (allí está la entrada principal al pueblo).

Imagen por defecto
Mil Recetas Vegetarianas
Aquí encontrarás diferentes recetas vegetarianas para preparar fácil y rápido.

Deja un comentario