Ser vegetariano en… San Francisco – del Chinatown al Pier 39

La primera -de varias- ciudades que conocí en Estados Unidos fue San Francisco… y no es casualidad. Yo creo mucho en la teoría que dice que “cuando uno sueña algo con todas sus fuerzas, se hace realidad”. Y desde hace mucho tiempo, cada vez que veía el Golden Gate en una foto o video, decía que lo atravesaría para festejar alguno de mis cumpleaños.

Tuve que esperar hasta el número 31, pero valió la pena. Ya había festejado mis 30 en Marrakech (Marruecos) y ahora estaba en esta fascinante ciudad con sus cuestas y cable cars de madera cumpliendo otro de mis sueño: cruzar “mi puente” en bicicleta… pero de eso hablaré en un rato.

Al igual que sucede en la mayoría de las grandes ciudades de este país, en San Francisco es muy fácil conseguir un lugar donde comer siendo vegetariano. Por supuesto que uno puede ordenar una pizza (que además es de lo más barato en una metrópoli que se caracteriza por sus elevados precios) en cualquier sitio, pero mucho mejor si se prueban platos que nunca has disfrutado antes… y si estás en una de las atracciones turísticas del lugar, no se puede pedir nada más.

La primera jornada de nuestra corta estadía de cuatro días en San Francisco aprovechamos la tarde para pasear en Cable Car y visitar su museo (más que recomendado si son fanáticos de los transportes sobre rieles como es mi caso). Antes de regresar al hotel caminamos por el famoso ChinaTown, donde justo estaban celebrando con un desfile que incluía dragones en plena calle y las conocidas farolas rojas con letras amarillas decorando cada lugar.

En este barrio chino podemos comprar las famosas “chucherías” pero también comer gastronomía oriental. Y ese fue nuestro caso, elegimos un restaurante al azar. Yo pedí un Chao mián veggie (algo no demasiado estrafalario, por las dudas) y al terminar la comida, seguimos caminando hasta la famosa plaza de Union Square, ya que nuestro hotel quedaba a solo dos cuadras de allí.

De paseo por el China Town de San Francisco se pueden comprar cosas a buen precio (incluyendo souvenires) y también comer gastronomía asiática.

Al siguiente día, tras un abundante desayuno en el hotel que incluía todos los sabores de panes y de mermeladas que te puedas imaginar, nos tomamos un metro (que por momentos era subterráneo y por otros no) y fuimos al Golden Gate Park, que sería como el Central Park de New York, pero menos céntrico y más tranquilo. En el interior hay dos museos, nosotros visitamos el De Young Museum, pero solo su torre, que es de entrada gratuita. ¡Allí tuve mi primer contacto con el Golden Gate! El día estaba soleado -algo extraño para ser abril en San Francisco- y lo vi a la distancia. ¡No podía creer que lo tuviese tan cerca! Pero todavía debía esperar un poco más para conocerlo “en persona”.

Tras recorrer el parque, entrar al jardín japonés y comer en la cafetería del museo (nota de color: había unos dispensadores de agua con limón en el exterior del establecimiento y cualquier persona podía servirse sin ser cliente) regresamos al centro de la ciudad a descansar. ¡Nos quedó más de la mitad de este pulmón verde sin recorrer! Es enorme, al igual que el de Manhattan, que visitaría unos meses más tarde.

Por la tarde hicimos algunas compras por Market Street y cenamos en un restaurante de Powell St. Que si bien era “especialista en filetes” como decía en su letrero, tenía una opción veggie muy rica y a buen precio.

El siguiente día amaneció nublado y por momentos lluvioso… y nosotros que teníamos entradas para ir a la cárcel de Alcatraz. ¡Más tenebroso todavía el recorrido! Nuevamente nos nutrimos bien con el desayuno del hotel y nos dirigimos a Market Street para tomar el tren ligero que nos llevó hasta la zona de los Pier (dársenas). Nos subimos a un muy bonito tranvía de madera, de más de cien años de antigüedad, donde el ticket se pagaba depositando monedas en una especie de alcancía y el conductor te daba un boleto de cartón, a la vieja usanza. El Pier desde donde sale el barco hacia la isla es el 33.

Luego de aprender sobre la prisión, los presos más notables y los intentos de fuga (la visita es con audioguía en diferentes idiomas) y tras evitar que los alcatraces nos atacaran mientras comíamos una manzana en el puerto, regresamos a tierra firme y caminamos hasta el famoso Pier 39, con sus tiendas y restaurantes. Como ya era pasado el mediodía y teníamos hambre, elegimos un lugar de “comida californiana” donde me pedí unos champiñones rebozados con una salsa muy rica, que después hice en casa.

Muy al estilo californiano -surfer- en este restaurante probé los champiñones fritos con una salsa deliciosa, que después preparé en casa.

Para regresar al hotel, otra vez el tranvía, pero esta vez uno de estilo alemán de color amarillo. ¡Muy divertido el contraste! Para la cena optamos por un restaurante a una cuadra de Union Square, por Powell St. Muy bien decorado al mejor estilo “yankiee” con banderas antiguas y carteles de publicidad que databan de la época de la Segunda Guerra Mundial. Me pedí una ensalada ‘de la huerta’ con queso de cabra que estaba muy buena y sació mi apetito.

Tip para cuando vayan a Estados Unidos: si son de tomar agua (como yo) no tienen que pagarla, ya que es gratuita en todos los restaurantes. En algunos casos te llevan una jarra a la mesa -por ejemplo con rodajas de limón u hojas de menta- y en otros puede que haya un dispenser especial y tengas que servirte.

Tengan en cuenta también que en este país se cena bastante temprano (alrededor de las 18 horas) aunque los restaurantes en ciudades turísticas pueden estar abiertos hasta más tarde… ¡Pero para las 10 de la noche todo está cerrado!

Este restaurante sí que era patriótico… Me gustó como decoración ya que le daba un aire antiguo.

El último día en San Francisco y… ¡Era mi cumpleaños! Y para celebrarlo decidimos contratar un tour en bicicleta para atravesar “mi” puente. La excursión partía muy cerca de la famosa calle Lombard Street y luego de un copioso desayuno nos tomamos el Cable Car (esta vez viajamos sentados en primera fila, ya que era temprano y no había muchos pasajeros) y nos bajamos donde termina uno de los dos trayectos de este transporte.

El recorrido con la bici fue bastante amplio, empezó en el centro comercial Ghirardelli, pasó por Fort Mason, atravesó Marina Boulevard y el Palace of Fine Arts. Cada vez estaba más cerca del Golden Gate y mis pulsaciones aumentaban (no era por el esfuerzo que conlleva el ejercicio en bicicleta, qué va).

Debo confesar que la adrenalina y la emoción no me permitieron pensar mucho donde estaba. Después de un rato me di cuenta que eso anaranjando-rojizo que me cubría era nada menos que el puente de mis amores… Quería detenerme a cada rato para observarlo todo, para no perderme ni un segundo de esta experiencia, para expresarle lo mucho que había esperado ese momento y que estaba cumpliendo mi sueño.

Así fue como de todo el grupo de la excursión fuimos los últimos en llegar al otro lado. Por suerte el tour era bastante libre y no hubo problemas. Luego, descendimos por un camino zigzagueante muy divertido y arribamos a la ciudad de Sausalito.

Sausalito es un lugar bastante concurrido los fines de semana, pero como mi cumple era martes, estaba muy tranquilo. Fuimos a un restaurante donde había un gran estacionamiento para bicis y aprovechamos para almorzar ahí. Me pedí una “veggie burger” con una limonada (no era tan deliciosa como la que había probado en París poco menos de un año atrás) y luego hicimos un recorrido corto por la calle principal, paralela a la costa. Antes de regresar a San Francisco fuimos a una heladería donde me pedí un batido de chocolate… era mi cumpleaños y había hecho mucho ejercicio ese día… ¡Yo creo que me lo merecía!

Por la calle principal de Sausalito podemos encontrar muchos restaurantes (la mayoría con opciones veggie). -Fuente: Flickr-

Cansados pero felices (yo estaba como un nene en Disney) nos tomamos el ferry y volvimos a la zona de los Piers. Regresamos en el bonito tren ligero de estilo alemán como el día anterior y tras una sagrada siesta de reparación cenamos en un restaurante tailandés cerca de Union Square. Sin dudas fue una jornada inolvidable que guardo siempre en mi memoria. Ahora, cada vez que veo una imagen del Golden Gate me acuerdo de cuando lo atravesé en bici y me prometo volver otro día para seguir admirándolo como se merece…

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