Ser vegetariano en… San Pedro – Almuerzo mirando el Paraná, merienda compartida, duraznos y naranjas

Tercer fin de semana de Enero y con un pronóstico -para mi- nada alentador (con unos 38°C de temperatura) emprendimos el camino hacia la ciudad de San Pedro junto a mi pareja, Hernán. Tras varios atascos en la autopista, por fin tomamos la ruta y disfrutamos de los paisajes bien pampeanos, mucho verde y vistas panorámicas de campo… en esta nota les cuento cómo ser vegetariano en una ciudad que hacía más de 15 años que no visitaba.

Atravesamos la entrada de San Pedro pero no fuimos para el centro del ´pueblo´ sino que seguimos un poco más porque teníamos cita para almorzar en Experiencia San Pedro, un parador con unas vistas increíbles a los ríos Paraná y San Pedro.

Allí nos reciben Sergio y Dan, padre e hijo, dueños de este emprendimiento que comenzó hace algunos años y que cada vez le van agregando más ´atractivos´. Aunque sin duda, el mayor atractivo es la vista que tiene desde la barranca… Justo en ese momento pudimos divisar un barco carguero que pasaba, para nuestra percepción algo lento, por el Paraná, uno de los ríos más importantes del país.

Mientras los anfitriones nos contaban los servicios que ofrecen en Experiencia San Pedro (pileta, hostel, casa rodante, restaurante, paseos en kayak, trekking y hasta un servicio para reparación de bicicletas), no podíamos dejar de admirar el paisaje. Tanto verde, tanta vegetación, tantos pájaros, tanta tranquilidad…

Mucho verde y vistas hermosas en Experiencia San Pedro

Para bajar un poco la temperatura nos traen una limonada casera que disfrutamos en una mesa a la sombra, mirando el río (y el barco carguero que seguía pasando). Luego llegó el momento del almuerzo: un gigante sandwich de milanesa de berenjena con tomates secos hidratados en aceite de oliva y una ensalada completa de quinoa, choclo, cebolla morada, rúcula, zanahoria rallada y varios ingredientes más.

Almuerzo natural en el mirador

Para hacer la digestión y descansar un poco a la sombra decidí ponerme a leer (el libro 5 en lo que va del año) en un banco de plaza que estaba bajo un añoso árbol, de cara al río…

Podría haberme quedado allí durante horas sin darme cuenta (como me pasó en mi escapada a Escobar donde aproveché a leer bastante), pero ya eran casi las 3 de la tarde y teníamos que hacer el checkin en el hotel, que se encontraba a unas 15 cuadras de la plaza de San Pedro y a media hora de nuestra ubicación.

Tras despedirnos de Dan y Sergio y desandar parte del camino, llegamos al establecimiento, una casa grande convertida en hotel, donde nos recibió la dueña y nos llevó hasta nuestra habitación. Hacía mucho calor para poder disfrutar a esa hora de la pileta (al menos para mi que no tomo sol) así que decidimos quedarnos en la habitación con aire acondicionado hasta la hora de la merienda.

Las 5 de la tarde de un sábado en un pueblo de Buenos Aires (aunque San Pedro sea una ciudad, sigue manteniendo las tradiciones de pueblo) es sinónimo de que no haya nadie en las calles, menos con el calor que hacía.

Igualmente nosotros decidimos salir a merendar al centro sanpedrino, más precisamente a Orgánico, una casa de té ubicada en la calle Carlos Pellegrini 516, a solo 1 cuadra de la plaza principal. Decoración moderna y con esos detalles que me encantan, en Orgánico disfrutamos de una riquísima merienda para compartir. La mesa dulce estaba compuesta por cheescake de frutos rojos, torta de coco y dulce de leche, budín de amapola y pasta frola de membrillo. Para tomar me pedí un jugo de naranja, zanahoria y jengibre y Hernán un té frío con menta, naranja y frambuesa.

Merienda dulce para 2 en Orgánico Casa de Té

Nos quedamos un rato disfrutando de la merienda y del lugar (con un patio muy lindo lleno de plantas que veíamos a través de un gran ventanal) y antes de irnos nos despidieron con un regalo: una caja hermosamente decorada y con dos blends: uno de té y uno de mate. Lo mejor de todo es que son hechos por la dueña de Orgánico, Naza… y que dentro de poco voy a probar! (tan linda cajita que me da lástima abrirla).

Hermosa deco del salón de té

Sin dar la vuelta típica en la plaza porque hacía un calor infernal, volvimos al hotel ya que teníamos reservada una sesión de masajes relajantes. Por suerte empezaba a hacer menos calor y lo pudimos disfrutar mucho; lo completamos con media hora en un jacuzzi al aire libre mirando las estrellas. ¡Súper romántico!

Para cuando salimos del spa eran las 21.30! y después del viaje, el calor y los masajes no queríamos salir a cenar. Por eso decidimos pedir unas empanadas, que comimos en el jardín del hotel. La idea original era ir a la calle Peatonal de San Pedro (a 5 cuadras de la plaza), donde hay varios restaurantes. Quedará para otra ocasión. En cambio, aproveché para seguir leyendo y disfrutar del vientito templado hasta que se me cerraban los ojos de cansancio…

Al otro día nos levantamos temprano y bajamos a desayunar al jardín, al lado de la pileta. El desayuno súper completo con un gran tazón de café con leche, facturas, pan casero, ensalada de frutas, yogur con cereales y la famosa ensaimada, una confitura mallorquina que San Pedro la adoptó como propia. Yo no la probé porque se hace con grasa de cerdo, pero aquellos que no sean vegetarianos no pueden irse de la ciudad sin comer esa especie de factura rellena (con dulce de leche o crema pastelera en versión local).

A las 10.30 de la mañana todos los domingos se hace una visita guiada a cargo de la Dirección de Turismo de San Pedro (ya hice otras visitas guiadas en Lobos, San Antonio de Areco y Chascomús porque es la mejor manera de aprender sobre el lugar visitado). La secretaría está en una de las casonas más antiguas de la ciudad, en la intersección de las calles Liniers y Bartolomé Mitre, frente a la plaza. Ofrecen además mucha información y mapas. Es necesario anotarse para las visitas guiadas (en la misma dirección de turismo o por redes sociales).

La guía nos llevó por los edificios más importantes de San Pedro: la Biblioteca, la Plaza San Martín, la Iglesia Nuestra Señora del Socorro… mientras nos contaba la historia de la fundación de la ciudad y de los vecinos más ilustres. Luego ingresamos a la Municipalidad, vacía por ser domingo, con su hermoso patio central con su aljibe y fuente de agua. Confieso que tengo algo especial con los aljibes, me encantan y cada vez que voy a algún pueblo los busco donde sea.

El aljibe en el patio interno de la Municipalidad

Seguimos por la calle Pellegrini hasta lo que los sanpedrinos conocen como “el triángulo”, una plazoleta con un mirador que nos permite observar el río a la distancia. Debajo se ven los clubes náuticos y el paseo municipal.

Con mucha información histórica y cultural en la mente, el estómago empieza a reclamar el almuerzo (era más del mediodía) así que desandamos el camino por la calle Pellegrini, donde frente a la Municipalidad se localiza un restaurante antiguo llamado El Tractor. Con decoración típica de pulpería y todo tipo de objetos históricos (muy parecido al restaurante que visitamos con mi amiga Claudia en Navarro o al que fuimos con Hernan en Uribelarrea), es uno de los ´obligados´ cuando se visita San Pedro.

Restaurante El Tractor, parece un museo

Allí almorzamos bajo un ventilador de techo que hacía lo posible por mantenernos frescos. Yo me pedí un arroz yamaní con vegetales y Hernán una hamburguesa. Al terminar de comer decidimos emprender el regreso a nuestra casa, para evitar así el tránsito de los domingos por la tarde en la autopista.

Almuerzo de domingo al mediodía en San Pedro

Pero antes de despedirnos de San Pedro (espero que hasta muy pronto porque quedaron muchas cosas por conocer), pasamos por un parador para comprar el típico souvenir del lugar. No me refiero a la ensaimada, sino a las naranjas y los duraznos, producciones por las que la ciudad es famosa (también me llevé otras cosas como mermeladas caseras y conservas, me encanta comprar recuerdos comestibles en mis paseos).

Nuevamente a la ruta extensa típica de las pampas argentinas y de a poco a la civilización que me despierta del letargo de pueblo de un domingo por la tarde… esperando en breve seguir recorriendo mi hermosa Buenos Aires.

San Pedro queda a 170 km de Capital. Se puede ir por Ruta 9 hasta Río Tala y luego ruta 1001.

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