Ser vegetariano en… Suipacha: plantación de arándanos, almuerzo bien casero y tambo de cabras

Quizás uno crea que ´irse de escapada´ significa quedarse todo el día sin hacer nada… para mí, la mejor manera de desconectar de la rutina es tener contacto con el campo, con la gente, con la historia y con la naturaleza. Así fue como llegamos a Suipacha, a solo 130 km de la Capital un sábado que prometía lluvia pero que finalmente nos regaló bastante sol y algo de calor.

El primer destino que visitamos -esta vez fui con mi novio- fue la plantación de arándanos de Il Mirtilo, con 8 hectáreas de extensión, a pocos metros de la ruta. Nos recibió la dueña, Marisa y luego se unió a nosotros su esposo Lino. Ellos nos cuentan algunos datos interesantes sobre los arándanos, cómo se plantan, cuáles son los recaudos que toman en invierno para que puedan cosechar después y de qué manera mantienen el cultivo y producción desde el año 2007.

Los camellones de arándanos en Il Mirtilo

Aprendemos por ejemplo que los arándanos son muy sensibles al suelo y al agua y que la zona de Suipacha es irrigada por la cuenca natural del Puelche, de aguas ´duras´ y saladas. Para poder conseguir el agua apta para las plantas ellos crearon un sistema especial de riego, con una bomba ubicada a 70 metros de profundidad en la entrada de la plantación que se encarga de regar cada uno de los miles de arándanos ubicados en camellones (canteros).

Un año en la vida de un arándano: Durante el verano le empiezan a crecer las hojas; en abril ´avisa´ mediante las yemas cuánta fruta dará; es podado entre los meses de mayo y agosto; durante el invierno se lo pone a hibernar cortándole el riego; espera una primavera temprana y cálida y es cosechado a partir de noviembre.

En Il Mirtilo -uno de los establecimientos pertenecientes a la Ruta del Queso- tienen dos variedades de arándanos, con frutos de diferente tamaño, los cuales se deben cosechar maduros y venderse lo más rápido posible, ya que no se pueden guardar en cámara como otras frutas. Cada planta da aproximadamente 2 kilos de fruta por año.

Seguimos el recorrido pero esta vez de la mano de Paola, la encargada de la plantación, quien nos lleva a la zona donde están las frambuesas y las zarzamoras. Las primeras tienen muchos ciclos de producción de las frutas, por lo tanto una misma planta puede dar varias veces en la temporada. Las segundas son una verdadera belleza cuando están florecidas (en primavera) y están plantadas una al lado de la otra formando una especie de ´planta gigante´.

Plantación de frambuesas (arriba) y zarzamoras (abajo)

También conocemos la cámara a – 28°C de frío seco donde guardan las frutas y las empacan, y el área de selección, donde cada temporada trabajan 15 personas procedentes de la provincia de Santiago del Estero. Entre los arándanos, las frambuesas y las zarzamoras, en Il Mirtilo ¡tienen una producción anual de más de 35.000 kilos de fruta!

Información de Il Mirtilo: se ubica en el km 122,5 de la ruta N°5. Abre los sábados y domingos desde las 11 hasta las 17 hs y hay que reservar para hacer una visita guiada por la plantación (que incluye degustación de mermeladas caseras).

Al terminar el recorrido por toda la plantación es el momento de la degustación de jugo de arándanos, chutney, conservas y mermeladas caseras de arándanos, moras y frambuesas, en diferentes variedades, incluyendo endulzadas con stevia o con azúcar orgánico o preparadas con vino. Nos sentamos en el quincho disfrutando de la sombra y de esas delicias dulces antes de continuar nuestro recorrido por Suipacha.

Ya para ese entonces era el mediodía y teníamos un poco de hambre. Salimos de Il Mirtilo y tomamos la ruta hacia la derecha, en dirección al pueblo. A solo 3.5 km está la entrada de Suipacha, con un arco que nos da la bienvenida. Giramos a la derecha por la principal (Padre Luis Brady) y a unas 15 cuadras nos encontramos con el restaurante Don Vicente (en la esquina con la Av. Belgrano).

Allí nos reciben Esteban y Natalia, dos suipachenses de pura cepa, quienes vivieron en España pero decidieron regresar a su pueblo natal para deleitar a locales y turistas con sus menúes y recetas. El local, recientemente inaugurado, es una excelente combinación entre lo moderno y lo autóctono; la decoración incluye plantas muy bien dispuestas, un mural con un mapa donde se cuenta la historia de la pareja y hasta la fotografía en blanco y negro de Don Vicente, abuelo de Esteban, que le dio nombre al establecimiento.

La historia de Natalia y Esteban resumida en un mapa

Natalia nos cuenta que la especialidad de la casa son las pastas caseras, hechas por ellos mismos (Esteban es el chef) cada día. Y por supuesto nos tienta a probarlas. Yo me pido unos canelones de verduras con salsa cuatro quesos y Hernan unos sorrentinos con salsa fileto. Cuando nos traen los platos ya nos damos cuenta de que son “caseros caseros” y al probarlos… no hay dudas. Masa suave, relleno contundente y una buena cantidad de salsa, por supuesto queso rallado a gusto y pan para ´mojar´. Podría decirse que es lo único que necesitamos para disfrutar realmente de la vida.

Las pastas bien caseras de Don Vicente, son el sello de la casa.

Para el postre, hacemos caso de la recomendación de la dueña-anfitriona y pedimos un flan casero, que sigue la receta familiar (y secreta) de la abuela de Esteban. No hace falta agregarle ni dulce de leche ni crema… así ´solo´ con caramelo es un manjar.

Tan rico como se ve en la imagen, el flan de la Abuela Nety.

Información sobre Don Vicente: La dirección es Luis Brady 560 (esquina Av. Belgrano) y el horario es de martes a domingo de 12 a 15 y de 20 a 0 hs. En el mismo predio hay un bonito paseo y un hotel.

Salimos de Don Vicente con el estómago lleno y el corazón contento, como se dice popularmente, y decidimos dar una vuelta por el pueblo (para conocer y para hacer la digestión). Caminamos hasta la siguiente esquina, y giramos a la izquierda por la calle Rivadavia. A tan solo una cuadra nos encontramos con la Plaza Balarce, la del centro, y recorremos toda la manzana. Allí está la Iglesia Nuestra Señora del Rosario con su fachada blanca y marrón, el Colegio Nuestra Señora del Carmen, la Municipalidad de Suipacha, la comisaría… bien típico de pueblo.

Postal de la típica plaza de pueblo en Suipacha

Luego seguimos por la calle Rivadavia, pasamos por el señorial edificio del Banco Provincia y una cuadra después nos encontramos con una intersección de cinco esquinas… tomamos la diagonal a la que veníamos y ´desembocamos´ en la Avenida Belgrano. Unos metros más adelante podemos ver la estación de trenes de Suipacha, similar a la que encontramos en muchos de los pueblos de Buenos Aires. En frente, una bonita plaza, desierta a la hora de la siesta, con juegos para niños.

Desandamos el camino por la calle Belgrano y volvemos a la Avenida Brady. De allí en auto nos dirigimos al último lugar de esta hermosa jornada en Suipacha: Cabaña Piedras Blancas -también perteneciente a la Ruta del Queso- cuya entrada está ´pegada´ a la ruta, de la vereda de enfrente al pueblo, muy fácil de ubicar por sus muros grises y el nombre del establecimiento en grandes letras blancas, imposible perdernos.

La entrada de Cabaña Piedras Blancas

Allí nos recibe Mirta, quien nos lleva primero a ver el tambo. Nos explica el proceso de ordeñe, en el cual 20 hembras se suben a dos tarimas (10 en cada una) donde comen el alimento balanceado mientras son ordeñadas (primero 10 y luego las otras 10). De esta manera, pueden ordeñar en menos tiempo a las 200 cabras dos veces al día (mañana y tarde). Las cabras de Cabaña Piedras Blancas son de la raza Saanen, -todas blancas como las que conocemos por Heidi- que junto a la Anglonubian son las que más leche producen (alrededor de un litro y medio por día).

Conocemos a los bonitos cabritos que se encuentran en el establo y son muy dóciles, y luego a los machos que están al aire libre en el campo, con sus ´peinados´ divertidos y sus caras tan particulares. Regresamos a la zona de producción, donde se encuentran las máquinas encargadas de pasteurizar la leche y hacer los quesos (cerrada por ser fin de semana) y posteriormente vemos un video explicativo donde nos enseñan cómo es el día a día en el tambo.

Los machos parecían recién salidos de la peluquería

Al terminar, pasamos al ´comedor´ con grandes ventanales mirando a la ruta, donde realizamos una degustación de quesos. La bandeja, muy bien presentada, estaba compuesta por seis variedades de quesos, cinco de ellos de cabra: Blackambert (no lo probé, tenía tinta de calamar, pero a Hernan le encantó), Cabrambert, Chevrotin, Saint Julien y Cabrauntar (acompañado con pasas de uva tiene un sabor exquisito). El restante, de vaca, era el Ligne Noir, con una franja negra en el centro, formada por carbón vegetal. También degustamos dulce de leche de cabra, muy cremoso y dulce.

Bandeja de degustación de quesos de cabra en Cabaña Piedras Blancas

Mientras disfrutábamos de los quesos de Cabaña Piedras Blancas, compartíamos recetas de cocina con Mirta, quien me dio muchas ideas para combinar las variedades. Por ejemplo, para una picada podemos usar galletitas saladas, untar con Cabrauntar y luego ponerles un poco de mermelada de frutillas. La combinación entre la sal, el ácido y el azúcar es un ´torbellino´ de sabores para nuestros paladares. Pocos días después probé esa combinación (con mermelada de moras de Il Mirtilo) y me encantó.

Información sobre Cabaña Piedras Blancas: Se ubica en el km 129,300 de la Ruta Nº 5. Está abierto lunes, martes y jueves de 9 a 18 hs y viernes, sábados, domingos y feriados de 10 a 18 hs. Para hacer la visita guiada, es necesario reservar.

Nos despedimos de la fábrica, tras haber pasado por la tienda y comprado el famoso cabrauntar, y salimos otra vez a la ruta, pero ahora, con rumbo a nuestro hogar. Pasamos un día maravilloso en Suipacha, aprendimos tanto de agricultura como de ganadería, conocimos la historia de una pareja que apostó por su lugar natal y respiramos el aire y la tranquilidad de un bonito pueblo. Una visita más que recomendada como escapada gastronómica de fin de semana.

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