Ser vegetariano en… Uribelarrea – desayuno entre cabras, almuerzo y merienda campestres

Cada vez que buscamos ´desconectarnos´ de la rutina decidimos pasar el fin de semana (o al menos un día) en el campo. Esa sensación de tranquilidad, aire puro y vida natural solo está presente a varios kilómetros de la Capital. A unos 90 km, para ser más precisos.

Nuestro plan de sábado era pasar el día en Uribelarrea, o “Uribe” como le dicen los locales. Llegar a este hermoso pueblo de campo, entre pulperías y calles de tierra es muy simple. Apenas crucen el arco que les da la bienvenida (en el km 82 de la ruta 205, antes del peaje) les aconsejo que abran las ventanas del auto y apaguen la radio, para poder respirar el aire limpio y escuchar únicamente el canto de los pájaros. ¡Una técnica infalible para reducir el estrés!

La primera parada del día fue el tambo de cabras Valle de Goñi, ubicado a tan solo 1200 metros de la Avenida principal de Uribe, al que se ingresa por una hermosa calle de tierra mejorada entre dos campos con algunos animales y varios chimangos volando alrededor.

El cartel que nos daba la bienvenida al tambo de cabras Valle de Goñi.

Allí nos estaba esperando Regina, quien en seguida nos llevó al tambo para ver el proceso de ordeñe de sus cabras, que son de raza Anglo Nubian. A diferencia de las que conocemos por ¨Heidi” estas cabras tienen el pelaje de todos colores y son muy tranquilas y cariñosas.

De un lado del establo están las cabras “mamá” y del otro los bebés. Tras el ordeñe las alimentamos con la llamada ´dieta del semáforo´ compuesta por pellets (verde), soja (amarillo) y maíz (naranja-rojo). Este último es también conocido como “la golosina”.

Los bebés comiendo su desayuno antes que nosotros.

Los bebés esperan atentamente para recibir su ración de la mañana… Darles de comer con la mano al principio me daba un poco de miedo, pero debo decir que son súper delicadas, no muerden, casi que podría decirse que aspiran.

DATOS CURIOSOS SOBRE LAS CABRAS: Todas las hembras paren mellizos tras 5 meses de gestación y pueden empezar a reproducirse a partir del año o año y medio. En promedio, el 50% de las crías son hembras y el 50% son machos.

Como habíamos salido bastante temprano de casa nuestros estómagos empezaron a crujir… así que dejamos a las cabritas en su lugar y nos fuimos al salón del tambo, donde ya nos estaba esperando el riquísimo desayuno casero compuesto por dulce de leche y queso de cabra, pan de campo, mermelada casera, café con leche (yo pedí de cabra, aunque también se podía elegir de vaca) y unas tortas artesanales riquísimas. Al terminar de desayunar se puede aprovechar para comprar dulce de leche o queso, todo elaborado con la leche del tambo.

Las tortas caseras que componían el desayuno Nubian de Valle de Goñi.

Nos quedamos un rato más observando a las demás cabras que pastaban libremente en el campo, buscando la sombra de unos árboles, entre las que se destacaba el macho traído de Nueva Zelanda, Drogo, de color negro por completo y mucho más grande que el resto.

Nos despedimos de este bonito lugar, atravesamos nuevamente el camino de tierra hasta la Avenida Valeria De Crotto y paramos en el centro tradicionalista “los gauchos de Uribelarrea” donde está el museo de las herramientas (estaba cerrado) y detrás la antigua estación de tren, con su característico cartel que nos indica dónde estamos y su arquitectura inglesa de inicios del siglo pasado, cuando el pueblo hacía más de una década que se había fundado. Automáticamente imagino aquellas épocas donde el tren daba vida a los pueblos, trayendo el correo, visitas desde la ciudad o incluso los víveres que luego se vendían en las pulperías…

Una de las típicas postales del pueblo.

Pero no es tiempo de ensoñaciones, sino de seguir el recorrido. Continuamos por la Avenida; tras dos curvas y las vías del tren comenzamos a ver un poco de «civilización», principalmente pulperías y restaurantes de campo. No nos detuvimos allí ya que nuestro segundo destino del día era el popular restaurante El Palenque, ubicado justo en frente de la Plaza del pueblo -llamada Centenario y creada en 1890 por un arquitecto francés- y de la Parroquia Santuario de Nuestra Señora de Luján, construida en el mismo año y con un bonito jardín delantero.

Una de las esquinas más populares de Uribelarrea, donde se encuentra el restaurante El Palenque.

La “casa” donde se encuentra el restaurante funcionó como pulpería, almacén de ramos generales, hospedaje y hasta forrajería. Se trata de una construcción de ladrillos a la vista con grandes y verdes ventanales y la puerta en la ochava. Además, en uno de los laterales hay un lugar donde antiguamente se ataba a los caballos mientras los pueblerinos -creo yo- tomaban una copa o jugaban una partida de cartas.

Entramos a El Palenque y fue como ingresar en un museo: todas las paredes se encuentran decoradas con objetos alusivos a la vida de campo, pero también a las costumbres argentinas incluyendo el fútbol y el boxeo. Por supuesto no podía faltar el cartel de la película Juan Moreira, que se filmó en el pueblo, algunos sifones de soda de varias décadas de vida, máquinas de escribir, balanzas, cuadros de publicidades viejas… lo que se te ocurra.

Entrar a El Palenque es aprender mucho sobre cultura argentina y sobre todo de campo.

Nos sentamos en el centro del salón, donde ya empezaba a notarse el movimiento de comensales (eran las 12.30 del mediodía) y Karina, la dueña, nos explica sobre el sistema de menú del establecimiento. Hay dos opciones: comer a la carta o el menú completo, que incluye entrada, parrilla o pastas y postre casero. Nosotros optamos por esto último.

Lo mejor de todo fue ver en la carta un apartado especial dedicado a los vegetarianos, donde nos recomiendan pedir pastas o ensaladas… y lo que más me gustó fue la siguiente aclaración: “no tenemos colchón de hojas verdes. Tenemos ensalada mixta”. ¡Justo para mí que soy de buen comer y no me gustan los platos gourmet!

Quizás cuando uno piensa en comer en un restaurante ´de campo´ siendo vegetariano cree que no va a tener opciones porque solo sirven asado o empanadas de carne. Sin embargo, en El Palenque no es problema ya que para empezar me sirvieron una picada solo de quesos y luego pedí unas pastas rellenas de calabaza con crema y queso de campo fundido que estaban deliciosas. Para el postre, un típico flan con dulce de leche. En el caso de mi novio, comió las empanadas, la picada y el asado con unas papas fritas (además de compartir conmigo el postre).

Así que, aquellos vegetarianos que quieren ir a comer a El Palenque en familia o con quien gusten pueden hacer como nosotros, aprovechar todo el menú, porque hay opciones sin carne… ¡Y bien caseras!

La entrada vegetariana estaba compuesta por tres variedades de quesos.
De primer plato, unos ricos ravioles rellenos de zapallo con crema y queso.
Y para el postre, un clásico: flan casero con dulce de leche.

Si no fuese porque queríamos seguir recorriendo el pueblo, me hubiese acostado a dormir la siesta después de tan copioso almuerzo. Pero continuamos el paseo, esta vez alrededor de la plaza, donde había una bonita feria de artesanías locales.

La plaza Centenario, típica de pueblo, y tranquila a primeras horas de la tarde.

También aprovechamos para dar ´la vuelta manzana´ detrás del restaurante donde hay varias casas consideradas hitos debido a que se construyeron hace un siglo y a lo largo de su vida han albergado pulperías, almacenes de campo o hasta comisarías.

Todas fueron construidas de manera similar y si bien muchas hoy están en desuso podemos admirarlas y preguntarnos cómo hicieron para sobrevivir el paso del tiempo y tantos eventos en más de un siglo de existencia.

Muchas de las casas cercanas a la plaza son construcciones antiguas, de ladrillos a la vista y grandes ventanales.

Para este momento eran más de las 3 de la tarde y teníamos la última parada de la jornada: la Pulpería de Uribe ubicada en la calle Gufani, a tan solo media cuadra de la Avenida principal. Allí nos recibió Andrea, quien junto a su esposo Leo hace 18 años que atienden la pulpería y ahora también mate-bar. Al principio, nos cuenta, funcionaba vendiendo artículos regionales y de campo (cinturones, cuchillos, mates, alpargatas, ponchos) pero cuando la venta bajó decidieron ofrecer algo que nadie en el pueblo tenía: ¡Alfajores!

Último objetivo del día: ¡Probar los alfajores de la Pulpería de Uribe!

Así fue como buscando recetas familiares comenzaron con la producción, que en temporada alta -invierno- puede llegar a las mil unidades por semana. El proceso es 100% artesanal y arduo, pero se nota a la legua la dedicación que le ponen a sus productos.

Podemos encontrar diferentes variedades de alfajores: Chocolate negro relleno con dulce de leche, pasas al ron o nuez, arándanos; chocolate blanco relleno con dulce de leche o nuez; glaseados rellenos con dulce de leche o fruta y los triples de dulce de leche y chocolate. ¡Te aconsejo que te lleves uno de cada uno y los pruebes todos!

Se dice que no podemos ir a París sin visitar la Torre Eiffel, ni a Nueva York sin ir a la Estatua de la Libertad… yo podría agregar que no podemos decir que estuvimos en Uribelarrea sin haber probado los alfajores de la Pulpería de Uribe. ¡Son riquísimos!

Hay tantos sabores de alfajores que es imposible elegir un favorito… ¡Mejor probarlos todos!

Terminamos la jornada felices, con las energías recargadas y la sensación de que en Uribe el tiempo pasa lento pero nunca se detiene. Se trata de un pueblo turístico, es verdad, sin embargo, mantiene esa esencia que caracteriza a la vida de campo… de saludar a los vecinos, de dormir la siesta y de continuar con las tradiciones de antaño.

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