Ser vegetariano en… Washington D.C. – entre museos y monumentos

La capital de Estados Unidos es la décima ciudad «grande» que conozco de ese país (incluso conozco más que de Argentina) y tengo que admitir que me ha agradado bastante, quizás por el clima de octubre o porque pude conocer lo más destacado casi sin pagar nada (los museos son gratuitos).

Pero vayamos por partes… arribamos a Washington D.C. (o simplemente D.C. para los amigos) procedentes de Tampa, Florida, donde habíamos estado unos días en uno de los meses más calurosos de la historia. El cambio de temperatura nos dio la bienvenida desde que bajamos del avión y ya supe que me encantaría mi estadía (soy del team invierno). En el aeropuerto Internacional Reagan -donde nos quedamos esperando a un amigo durante varias horas- no abundan las opciones vegetarianas, aunque siempre hay un restaurante de comida rápida que nos ´salva´ con algún sandwich apto…

Como íbamos a pasar varios días en la ciudad alquilamos una casa en el barrio de Columbia Heights, a unos 20 minutos en Uber hasta el centro. Estábamos a solo media cuadra de una Avenida principal (14th st) repleta de restaurantes de comida de todo tipo. La primera noche, un bocadillo rápido y a descansar.

Al siguiente día, luego de dar un paseo matutino por las calles del que sería nuestro barrio por 10 días (todo decorado de Halloween por la época), almorzamos en un restaurante de comida mexicana (que suelen tener varias opciones vegetarianas) no tan picante como esperaba. Por la tarde, la primera aventura: un tour de cervezas artesanales.

Comida mexicana para almorzar, algo típico en las ciudades de Estados Unidos.

A diferencia de lo que habíamos experimentado en Portland un año antes (andar en bicicleta grupal por la ciudad recorriendo bares), en este caso nos llevaban en un bus y con un guía que nos iba contando características de las cervezas locales. Y lo bueno también en este caso es que el tour incluía un paseo por las fábricas (visitamos tres) y degustación de varios tipos de cervezas.

Al terminar el tour, que nos dejó en el Downtown de la ciudad, pedimos comida china para cenar en la casa. ¡Habíamos degustado demasiadas cervezas! Así que temprano a dormir (en Estados Unidos la gente no sale hasta tarde como en otro países, para las 12 de la noche, incluso los fines de semana ya está todo cerrado).

Lo bueno de Washington es que el área conocida como National Mall (donde están todos los museos) se puede recorrer a pie de punta a punta… lo malo es que las distancias son enormes y cada museo -con entrada gratuita- te lleva como mínimo una hora si vas rápido sin prestar atención a nada.

Por lo tanto, les recomiendo que lo hagan en dos o tres veces. Esta fue mi ruta:

El primer día desayuné en casa y almorcé en otro local de comida mexicana (no sé por qué, pero a los estadounidenses les encanta la comida mexicana): unos tacos veggies y una ensalada con palta, pepinos y rabanitos muy buena. Tras ello, comencé el recorrido turístico. El primer lugar fue la estación de trenes (Union Station), nada que ver con la de Nueva York que tanto me gustó. Allí se puede llegar en metro -no lo usé nunca, me manejé con Uber o a pie- y tiene varios restaurantes en el subsuelo y tiendas, además de los servicios de trenes.

Al salir atravesé el parque Lower Senate, que es como una ´diagonal´ que culmina en el Capitolio (que visitaría en los siguientes días, no quiero adelantarme). Tras bordear uno de los edificios más conocidos de la ciudad, caminé en el parque, paralelo a Independence Avenue. Allí encontré el hermoso jardín botánico, cuyas salas emulan diferentes ecosistemas del mundo (bosque, desierto, selva, etc).

Luego entré al National Museum of the American Indian, donde aproveché para merendar un rico café con leche de almendras en la cafetería antes de pasear por las diferentes salas (la que más me gustó es la que se dedica al Machu Picchu). Ya que los museos cierran a eso de las 17 hs, ya no tenía más tiempo de ingresar a otro, asíque regresé a la casa y me junté con los demás para la cena. El restaurante elegido fue uno de comida cubana, donde me pedí unos ´moros con cristianos´ (arroz con frijoles) y un sandwich vegetariano.

Aunque no lo crean, este pequeño sandwich con los famosos ´moros con cristianos´ era bastante saciante.

Segundo día de paseo: comencé en el mismo sitio donde había terminado la jornada anterior. Este día si que caminé mucho. Primer museo: Galería Nacional de Arte. No soy muy fanática del arte pero la verdad que solo el edificio impresionaba y no podía dejarlo pasar. Al salir recorrí el jardín de esculturas con su Pavilion Café (donde me tomé un capuchino), me encontré con el jardín de polinización repleto de mariposas e ingresé al famoso Museo de Historia Natural, el ´pariente´ del que está en Nueva York. El de Washington tiene un gran mamut en la entrada en lugar de dinosaurios. Tras recorrer sus salas, seguí un poco más por la calle Madison e ingresé en el museo de la Historia Estadounidense. Debo confesar que fue uno de los que más me gustó aunque antes de entrar ´no le tenía mucha fe´. Las colecciones hablan de los inicios del país, de los diferentes medios de transporte e incluso de la industria alimentaria… bastante completo e interesante.

Exhibición sobre la industria alimentaria en el Museo de Historia Estadounidense.

Ya para ese entonces era pasado el mediodía y estaba famélica. Pero aún tuve que caminar un poco más hasta encontrar un lugar donde comer. Caminé por 14th Street, me saqué la foto obligada con el monumento a Washington (el obelisco) y recorrí el parque en sentido contrario por la calle Jefferson, hasta el Castillo Smithsonian, que cuenta con una cafetería donde se puede comer algo rápido, yo elegí una ensalada griega con un postre de vainilla y un té frío.

Aproveché que justo empezaba una visita guiada por el castillo y los jardines y luego entré en el museo asiático, donde cada sala se dedicaba a una religión o país: Japón, India, China, Islam, budismo, etc.

En el centro del National Mall de Washington hay puestos de bebidas, helados y golosinas y en las transversales durante los fines de semana están los famosos food truck, con comida de todo tipo, sobre todo árabe. ¡Ideal para descansar un rato, reponer energías y seguir paseando!

Seguí caminando por Jefferson St. Pasé por el museo Hirshhorn (al que no entré) y terminé ingresando en otro de los famosos del National Mall: El museo del aire y el espacio. Más bien pensado para chicos y hombres, porque tiene naves espaciales, aviones y máquinas. Pero había que visitarlo igual. Para ese entonces ya estaba acompañada por mis amigos y novio y al salir caminamos por todo el parque, llegamos a la Casa Blanca (tras una hora de caminata) y fuimos a cenar a un restaurante-pub donde me pedí unos ñoquis (había muy pocas opciones vegetarianas) para recuperar energías por todo lo que había andado ese día.

¡Pero todavía quedaba más diversión! Y seguiría caminando. Siguiente día, desayuno y mañana de relax en la casa y más cerca del mediodía salimos a pasear por un barrio muy bonito con casas tipo ´castillos´ donde había varias embajadas… Incluyendo la de Argentina. No saben la emoción que sentí al ver mi bandera flameando allí. Pero sigamos con el paseo: terminamos en Dupont Circle, más precisamente en una librería-restaurante donde me pedí un bowl vegetariano con muchas verduras y una limonada.

Regresamos a la casa (por suerte en Uber) y descansamos para lo que sería otra aventura divertida, previo cenar a la hora yankiee (máximo 18 hs) en un local de comida de Laos, que era súper picante, tal es así que no la pude comer y solo me llené con el arroz blanco y pegajoso como gelatina que traía de acompañante. De allí nos fuimos hasta la estación de trenes, donde salía un tour nocturno en bus. La idea era ver todos los monumentos iluminados. Lástima que hacía bastante frío, sino creo que lo hubiésemos disfrutado más. Pero estuvo muy lindo, pasamos por el Capitolio, el Lincoln Memorial (el de las famosas escaleras y la estatua gigante de este presidente sentado) y varios otros sitios más hasta terminar en la Casa Blanca a las 22 hs y ni un alma en la calle.

Al otro día el área de recorrido fue el Downtown. El primer lugar fue un restaurante vegano ubicado en un lujoso mall llamado CityCentre D.C. muy bien decorado con sombrillas coloridas. Luego tomé H Street y llegué al Chinatown, con un gran arco decorado (me gustó mucho más el de San Francisco). Allí me tomé un café con leche de almendras en un Starbucks y recorrí otro shopping con cine. Luego fui al National Portrait Gallery y al salir, recorrí una hermosa feria orgánica con productos locales y del Estado de Virginia. Compré unas galletas y unos muffins para compartir a la hora de la merienda. Regresé a la casa y para cenar fuimos a un restaurante especializado en Pho (sopa vietnamita) con opción vegetariana.

La feria orgánica frente al National Gallery se hace una vez por semana (hay otras en otros puntos de la ciudad).

Al otro día dejamos la casa en Columbia Heights y nos alojamos en un hotel céntrico a solo dos cuadras de la Casa Blanca, donde pasamos nuevamente para algunas fotos de camino a las tiendas del centro: en un radio de dos manzanas hay un Macy´s, un T.J. Maxx y un H&M. También está el museo de cera y el del espionaje (las entradas cuestan más de 20 dólares cada uno). Para la cena, elegimos un restaurante de comida mediterránea, que te permiten armar tu plato con varios ingredientes (tipo ensaladas).

Al otro día nos despertamos y llovía, pero como era nuestro último día en Washington no ibamos a desperdiciarlo. Desayunamos en la cafetería del hotel (no incluía el desayuno) y fuimos en Uber hasta el Capitolio. Al ser sábado lluvioso por la mañana no había tanta gente, esperamos unos 20 minutos hasta poder ingresar, previo atravesar el control de bolsos y demás (no se puede pasar ni con una botella de agua). La entrada es gratuita e incluye una visita guiada de aproximadamente una hora por algunos lugares principales, incluyendo la rotonda de la cúpula. Allí también hay un restaurante, pero nosotros salimos y fuimos a almorzar al bonito castillo Smithsonian porque para ese entonces ya no llovía y queríamos disfrutar un poco más del día.

Por la noche, cerramos nuestra estadía en D.C. comiendo en un local de pastas a dos cuadras del hotel. El domingo nos levantamos temprano, desayunamos frente al hotel y nos fuimos al aeropuerto Dulles (que está más lejos que el Reagan), allí almorzamos -yo me pedí una ensalada- y esperamos la salida de nuestro primer vuelo para regresar a casa. ¡La estadía en Washington había sido agotadora!

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